El miedo y la comunicación interpersonal

He leido en varias oportunidades que el miedo es necesario en la vida; como si se tratase de un sistema de alerta que nos ayuda a agudizar los sentidos y a reaccionar en determinadas situaciones. Un elemento importante de cara a la supervivencia.

Sin embargo, una cosa es el miedo ‘puntual’ y otra bien distinta es el ‘crónico’, que nos lleva a estados de ansiedad y de malestar psicológico y espiritual. Peor aun resulta el miedo que desarrollamos ante determinadas personas.

Los seres humanos somos entes complejos, provistos de muchas capas y aristas. Nuestras experiencias personales, entre otros asuntos, moldean la forma en la que nuestra mente nos percibe a nosotros mismos y a los demás.

A veces, por diversos motivos, uno puede cogerle miedo a otras personas. Sin embargo, el objetivo de esta reflexión no es analizar el origen o las razones de este fenómeno, sino la influencia del mismo en el proceso de comunicación.

Al igual que donde hay miedo es muy difícil que haya amor, puesto que el primero acaba por aniquilar al otro, podría decir que donde hay miedo, es prácticamente imposible que haya una comunicación interpersonal clara, respetuosa y auténtica.

Si yo, como emisor, tengo miedo del receptor en general o de cómo éste pueda reaccionar ante determinados mensajes, resulta evidente que hay tres opciones:

  1. Evito emitir el mensaje
  2. Emito el mensaje de forma incorrecta, poco clara e insatisfactoria
  3. Me armo de valor y emito el mensaje tal y como lo pienso

La opción 3 suele ser la que nos otorgará como emisores la mayor tranquilidad, en tanto en cuanto nos sentiremos bien con nosotros mismos, sobre todo por habernos enfrentado al miedo. No obstante, ésta es a su vez la opción más complicada de asumir, dada la dificultad (mayor o menor) de plantar cara a aquello que nos asusta, bloquea o paraliza y dada la tendencia que muchos tenemos a la comodidad. Sí: uno también se acomoda y se habitúa al miedo.

Llegados a este punto, comparto algunos apuntes personales:

  • Nuestra mente crea monstruos donde a veces sólo hay seres humanos tan imperfectos como nosotros.
  • El miedo es algo que, si no se enfrenta a tiempo, se enquista, nos roba energía, genera resentimientos, destruye relaciones y autoestima y, ante todo, no dejará de perseguirnos y de acecharnos hasta que le hagamos frente.
  • Dentro de los límites del respeto, la educación, la empatía y la asertividad, es preferible expresar lo que llevamos dentro. No podemos controlar cómo reaccione ni cómo responda el otro, pero al menos uno se quedará con la satisfacción de haber dado un paso adelante.
  • Es preferible no tener una relación, sea del tipo que sea, a que dicha relación sea deshonesta. Al menos si hablamos de vínculos en la esfera más íntima. Las relaciones humanas, para que sean sanas, deben basarse en el respeto y en la honestidad y no deben dar cabida al miedo.

Estos puntos son fáciles de plasmar por escrito y complicados de aplicar en el día a día. Nunca es tarde para enfrentarse al miedo, más bien se trata de una inversión en nuestra paz mental, en nuestro amor propio y en nuestra calidad de vida.

Zrsg90