Alegato por la gratitud y contra el rencor

A veces uno camina con tanto dolor en el pecho que mantenerse erguido y no doblarse resulta asombroso. A veces, ciertos pensamientos y ciertos recuerdos activan emociones que atrapan y que engullen, como si se tratase de arenas movedizas. Cada línea de ese monólogo interior hiere y maltrata el espíritu, deslizando un cuchillo sobre heridas que quizás no habían cicatrizado del todo. Sin darse cuenta, uno se ve sumido en un círculo vicioso de resentimiento, de tristeza y de autocompasión:

  • Culpabilizando, agrediendo y despotricando mentalmente sobre personas que, independientemente de la razón, uno siente que le fallaron y que le hicieron daño
  • Responsabilizando a la vida, a la sociedad, al mercado laboral, …, etc., de aquello en mi vida que no me gusta y que me hace sufrir, así como buscando ‘motivos’ externos que justifiquen que no pueda hacer nada para cambiar mi situación

De esta forma, transcurre un día, luego otro, y varios más, y el rencor y el dolor no sólo siguen ahí, sino que han crecido y se han reforzado, mientras uno se nota cada vez más fatigado, débil e impotente. ¿Por qué? Porque, como si fuesen un cáncer, esas emociones vampirizan la energía y lo van consumiendo hasta que uno se siente casi moribundo. Sin embargo, existe una estrategia que permite revertir la óptica desde la cual todo se ve y se interpreta: la gratitud.

  • ¿Que mi mente me lleva, sin querer, a pensar en alguien desde el rencor? Respuesta: Gracias a esa persona por los buenos momentos vividos y por lo mucho o poco que hayamos podido compartir. Gracias por ponerme en tesituras que me sacan de mi ‘zona de confort’ y que me dan la posibilidad de aprender y, eventualmente, de crecer.
  • ¿Que caigo en la trampa de culpabilizar al entorno por cómo es mi vida y empiezo a autocompadecerme? Respuesta: Gracias a la vida por el día de hoy y por todos los días que lo han precedido, trayéndome hasta donde estoy ahora. Por todas las experiencias vividas, por las personas que he conocido y me han aportado algo, y por la posibilidad que tengo hoy de mirar atrás y poder aprender tanto de mi propia trayectoria.

Como persona de naturaleza rencorosa, autocompasiva, irresponsable y de sentimientos, en muchas ocasiones, oscuros, sé que la gratitud como forma de asumir la realidad es algo muy fácil de expresar con palabras y dificilísimo de aplicar con hechos, como una disciplina del día a día. No se cambia la narrativa hacia uno mismo chasqueando los dedos y ya. Sin embargo, puedo decir que he sentido en mi propio fuero interno el efecto balsámico y liberador que otorga.

Uno se relaciona consigo y con su entorno a partir de la forma por la cual se percibe, se interpreta y se explica las cosas. Si se parte de una base tan patológica como es el resentimiento, como si los demás o la vida misma estuviesen en deuda con uno, lo único que se conseguirá es consumirse en la amargura. Supongo que lo que uno tendrá que preguntarse a sí mismo cada día es si eso es lo que se quiere de verdad. Dependiendo de la respuesta, ya uno elegirá qué perspectiva y qué actitud asumir.

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