Para mí, éste ha sido el año de pasar, definitivamente, de la casilla del niño a la casilla del adulto. Me ha costado, pero supongo que es mejor tarde que nunca y quiero pensar que a los 33 años tampoco es demasiado tarde. Lo que denomino ‘la casilla del adulto’ no es nada más y nada menos que un espacio mental desde el cual puedo observar el entorno, lo que ocurre, y a mí mismo, con sosiego, equilibrio y pragmatismo; un sitio donde puedo discurrir, sin dejarme secuestrar por arrebatos emocionales, impulsos o vicios. Es desde ahí desde donde hoy observo y analizo que sin darse uno cuenta se va dando pasos, y que cada uno te acerca y, a la vez, te aleja. La órbita por la que uno fluye, de repente, deja de ir en paralelo a otras que siempre creíste que estarían cerca. Sin embargo, las ves cada vez más alejadas; algunas, incluso, ya a años luz de ti.
Al principio, cuando me percaté de esto, me sentí muy triste. Sin embargo, ahora pienso que, sencillamente, es el curso natural de todo. Lo importante es que cada nuevo paso que uno dé, lo dé con conciencia y con claridad, para no despertar un día y preguntarse: «¿Dónde estoy? ¿Cómo he llegado hasta aquí?«. Y con respecto a los demás, a aquellos que ya no fluyen en paralelo a mí, no me queda sino desearles todo lo mejor. Tal vez, algún día, nos volvamos a reencontrar, aunque sea más allá de la materia; en esa fuente de la que todos venimos y a la que todos volveremos, volviendo todos a ser un solo ser en la eternidad.
Zrsg90
Octubre, 2023
