Sueños de una noche de verano en Madrid,
a más de 30 grados en pleno febrero.
Tonalidades saturadas. Alto voltaje. Expectación.
Nos veo entonces a los dos, vestidos.
Te me acercas por detrás, susurras algo, me abrazas.
Con apetencia, siento tu calor buscando al mío;
buscando superar la barrera de la ropa.
Es difícil hacer poesía del deseo,
cuando éste es tan animal, tan poco elegante;
cuando no es más que un íncubo disfrazado de ti,
intentando robarme la energía mientras duermo.
Al despertar, aún me noto irradiado por aquellos colores intensos,
por las ganas de batirnos con violencia en el sudoroso ardor de un momento.
Morir y renacer ante ti, no sin antes proyectarme al Cielo.
Pero respiro hondo y me levanto.
Ese sueño ya llegó a su fin.
Zrsg90
