Si alguna vez he querido perpetrar un crimen, ha sido el de robarle más tiempo al tiempo: más horas al día, más días al fin de semana, más semanas a las vacaciones, más vacaciones a la rutina de la vida.
De acometer un delito, violaría las leyes de esta realidad, para eternizar algunas de las cosas que he sentido: el amor de mi madre, la ternura de mi abuela, la compañía de mis tías, la lealtad de mis amigos.
Si pecase contra Dios, destrozaría el fruto de su creación; detendría, al fin, las desesperantes agujas del reloj. Y, así, disfrutaría de lo bueno, de los míos, para siempre.
Pero Dios se carcajea ante mis pueriles blasfemias. Y no hay castigo ni grilletes para aquello que jamás ocurrirá.
Tras su pataleta, quizás halle algo de consuelo en la esperanza este necio mortal.
Y, tal vez, también, la empatía de todos los que se hayan planteado los mismos desatinos.
Zrsg90
