Camino en medio de la espesa niebla, como siempre. La visibilidad sigue siendo mala y la acústica, confusa. Pero ya no voy ahogado en mi propia ansiedad. La armadura que llevo puesta es mía, así como las armas y el señorío sobre cada paso que doy. Ya no consumo tantísima energía estando alerta; es agotador que la mente dé vueltas constantemente cual radar en busca de amenazas. He dejado de ser el guerrero del miedo, para ser el guerrero de la fe.
Siempre he estado en la lucha, pero ahora dedico mis recursos y oriento mi estrategia a lo único que verdaderamente tengo en la vida: yo mismo.
Zrsg90


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