Sostiene el mito que en estas fechas, muchos siglos atrás, vino al mundo un Rey. Tal vez, en el plano espiritual, todos los ángeles y demás seres etéreos hiciesen acto de presencia ante un acontecimiento de tal magnitud, pero en términos materiales, la joven madre no dio a luz sino en compañía del hombre que asumiría la paternidad y de unos pocos animales. En el marco de esa inmensa minoría, el niño fue recibido por la clandestinidad de la noche, por la pobreza de la paja y del polvo y por una callada aunque fortísima esperanza. Dos milenios después, el mensaje de amor, dignidad, paz y unión que aquel niño compartiría durante su breve existencia nos sigue emocionando a algunos. De hecho, hoy, frente a tanta opulencia, frente a la inmensa y descarada desigualdad que observo ahí fuera y que por momentos abofetea, pienso en él. Y me pregunto: ¿Qué necesito yo?
¿Qué necesito yo, cuando ese Rey nació en la nada, pero aun hoy nos sigue llenando con tanto? ¿Si su madre, no teniendo nada, tuvo todo el amor del universo para darle? ¿Si la Divinidad, decidida a llegar hasta nosotros, sus hijos, desde una encarnación humana, no eligió sino la cuna más humilde de todas?
Me lo cuestiono y comprendo que no requiero sino mis necesidades básicas cubiertas, mi salud, mi ilusión por vivir y, sobre todo, el amor de mi gente, que es el mayor tesoro que jamás existirá y que nunca podría ser igualado por nada que el Hombre pudiera crear en este plano material.
Feliz Navidad y mis mejores deseos para el 2024 a tod@s.
Zrsg90
