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Ancestros

A veces, en momentos de desesperación, creo que estoy solo. Sin embargo, en realidad, nunca lo estoy. Desde la sutileza de otros planos, algunos seres me observan y en silencio me transmiten palabras de amor. Entonces, una pequeña luz se enciende en la cerrada oscuridad e ilumina un mensaje: sí puedo. Si ellos, mis ancestros, pudieron, aun frente a viento y marea, yo también podré.

Y recuerdo que las lágrimas y el sudor que derramó mi abuela son el manantial gracias al cual hoy dispongo de agua; el hambre que mi padre pasó es hoy la comida que no falta en mi nevera. A veces me quejo amargamente por los desniveles del camino. Pero, ¡qué inconsciente…! Pues si hoy puedo recorrerlo es gracias a que, antes que yo, otros dejaron un trocito de su alma en este suelo.

Si alguna vez flaquea la motivación, basta con asumir una cierta responsabilidad: mostrar, por lo menos, algo de gratitud a los ancestros, honrando su memoria; vivir, tratando de ser alguien a la altura de su lucha, de su sufrimiento y de su esfuerzo.

A todos ellos: infinitas gracias, siempre.

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Karima

En el 2007, yo contaba diecisiete años y cursaba segundo de bachillerato, en Madrid. Un día como otro cualquiera, una chica de mi clase llamada Karima, a quién había conocido a través de una amiga común, me hizo una proposición:

  • ¿Te apetece que vayamos a correr esta tarde, después de clase?

Recuerdo las agujetas en las piernas, tras aquellas primeras vueltas al perímetro del Parque de Berlín, junto con Karima. También la primera vez que identifiqué en mí esa inaudita sensación de libertad y de felicidad. Ese fue el principio de una historia que aún continúa, casi dieciocho años después: mi historia de amor, y de idas y venidas, con el atletismo.

Estoy seguro de que correr, sobre todo el fondismo, tiene un significado especial para cada persona que lo practica, independientemente de que sea profesional o amateur. Sin duda, a partir de un cierto número de kilómetros, la técnica y la hidratación son importantes, pero lo crucial es aquello que te motiva a seguir, la razón por la cual se corre. ¿Y por qué corro yo?

He corrido contra el cáncer; por la salud mental; por el síndrome de Down. He corrido sin ganas, por mera disciplina, a las cinco y pico de la madrugada. Lo he hecho por mi familia y también por algunos nombres anotados en un dorsal; por personas que aún siguen entre nosotros y por otras que, lamentablemente, ya no. Por superarme e ir más allá de mí mismo. Y, fundamentalmente, por algo que no me abandonó nunca, pese a las temporadas que pasé sin entrenar: el amor al deporte en sí mismo.

Aunque hace tiempo que perdí el contacto con Karima, nunca podré agradecerle lo suficiente el haberme hecho, tal vez sin ser consciente de ello, un regalo tan especial. Rita Levi-Montalcini dijo: «Cuando unas neuronas mueren, otras adyacentes pueden retomar su actividad, pero para que esto se produzca es indispensable tener ilusión«. Y a mí, disponer de la salud, la capacidad y los medios necesarios para poder practicar este deporte, es algo que cada día me llena de gratitud y de ilusión.

Zrsg90

Interpélame

De buenas intenciones se edificó el infierno, dicen. Así pues, admito la mala costumbre que he tenido tantas veces de decirte lo que pienso, sin que tú antes me lo hubieses preguntado. Aun con la mejor voluntad, reconozco que me precipité, dejando que fluyese la corriente de palabras a través de mi boca. Y, algunas de esas veces, tu reacción fue violenta. Lo comprendo: es incómodo que te enseñen lo que no quieres ver o que te digan lo que no te apetece escuchar. A todos nos pasa, supongo.

Hoy vengo entonces a comunicarte que, a partir de ahora, esperaré a que me llames por mi nombre y apellidos, directamente, si esperas algo de mí; ya sea un punto de vista u opinión. Y tendrás que disculparme si, aunque note que caminas al borde de un barranco, no brota de mí ningún gesto o sonido. Si no me miras y me haces una señal clara, preferiré no intervenir. Así mantendremos el respeto entre los dos. Y también así podré protegerme.

Porque el objetivo de hoy no es hablarte de las cicatrices que albergo, de las ocasiones en que me respondiste con desprecio. No es a lo que voy, aunque no deje de ser un hecho. El asunto es que no tengo ya energía para exponerme a eso. Por eso, amigo, interpélame directamente, si algo quieres de mí. Si no, yo seguiré avanzando, mirando al frente y en riguroso silencio.

Zrsg90