Si mi ego obstaculiza, no hay problema: lo despejo de la ecuación. Acato, sin opinar, las reglas que vienen dadas desde fuera. Mantengo la boca cerrada y la mirada, indolente. Fluyo como una gota más en el océano; como otro grano de arena en el desierto.
Pero, atención: lo que custodia mi cabeza nadie lo podrá expropiar. Que el Gran Hermano me vigile desde cada pared no significa que me esté escrutando por dentro. Ni aun quebrando la vasija podrían robar su contenido.
Tras estos labios sellados hay un espacio infinito que nadie puede penetrar. Y yo, desde ahí, echo a volar alto.
Zrsg90
