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Ego

¿Cuántas veces, al abrir la boca, no fui yo quién habló? ¿Y cuántas otras no la abrí, mas no quería guardar silencio? Quizás tantas como permití que las emociones me secuestrasen la mente y el cuerpo. ¿Qué desastres avaló el miedo, mientras la cobardía me apretaba el cuello y me oprimía el pecho? ¿A cuántas personas vi llorar de dolor, después de que la ira disparase, usando mi mano, un tiro certero? Desolador, como explicarse la realidad desde el victimismo. Por no mencionar los momentos en que las pasiones más básicas tomaron el control…

Hoy lo reconozco todo y soy capaz de ponerme en valor, sanamente, sin creerme por encima o por debajo del resto.

Hoy me siento en un lugar de paz y no cedo a nada ni a nadie la potestad de alterarla.

Hoy asumo un poder que siempre estuvo en mí y me elevo sobre una piedra con la que hasta ahora había tropezado tantas veces: el ego.

Gracias.

Zrsg90

Libertad

Si mi ego obstaculiza, no hay problema: lo despejo de la ecuación. Acato, sin opinar, las reglas que vienen dadas desde fuera. Mantengo la boca cerrada y la mirada, indolente. Fluyo como una gota más en el océano; como otro grano de arena en el desierto.

Pero, atención: lo que custodia mi cabeza nadie lo podrá expropiar. Que el Gran Hermano me vigile desde cada pared no significa que me esté escrutando por dentro. Ni aun quebrando la vasija podrían robar su contenido.

Tras estos labios sellados hay un espacio infinito que nadie puede penetrar. Y yo, desde ahí, echo a volar alto.

Zrsg90

P.

Conocí a P. de excursión por el lado oscuro de la luna.

En un rincón de la selva donde la vegetación tupida impedía al suelo conocer la luz del sol.

Dentro de un pequeño trastero en el que objetos olvidados cobraban vida, camuflados bajo el polvo y las telarañas.

Como cuando, de repente, se atisba una estrella fugaz cruzar el firmamento y se intuye que muy pocas veces se volverá a ver algo así… es así como atesoro los momentos junto a ti.

Justo allí, en el hábitat de mi fuego interior; donde la memoria de la piel se esconde, liberada al fin de toda inhibición.

Que los envites de esta vida no desgasten la sonrisa que una vez fue para mí; que el helador impacto de los golpes del destino no apague el calor que tus manos, entonces, me hicieron sentir.

Te recuerdo y, como siempre, agradezco lo compartido. Y hoy te deseo, de forma especial, que no te falten los momentos de felicidad, según sigas avanzando en tu camino.

Zrsg90