Experiencias cercanas a la adultez

He aprendido de la pérdida y de ella cada día me alimento. Observo desde lejos lo que tuve y dejé atrás, lo que fue y nunca más será. El tiempo pasa y esta vida cada vez me pide más, pero cómo centrarme en lo que tengo delante, si no consigo dejar de mirar atrás.

Al despertar, disfruto de un momento de calma, hasta que las heridas aún abiertas vuelven a supurar. Abro los ojos de par en par a ese dolor: a todo lo que no dije y se pudrió en mi interior, generando agujeros negros; a todo cuanto no hice y tanto me pesa; a la realidad que me rodea y de la que busco huir, aunque sólo sea por un rato, porque me aterra.

Entonces, me abrazo a todo eso que me cuesta aceptar y perdonarme: es mi bagaje, la persona que fui y que soy. Aun triste y con miedo, sigo adelante. Y, aunque no sea evidente, le busco un sentido al hoy. Pese a todo, tal vez yo también tenga derecho a sonreír. A sentir paz por dentro. A ser feliz.

Zrsg90