Archivo de la etiqueta: dolor

Interpélame

De buenas intenciones se edificó el infierno, dicen. Así pues, admito la mala costumbre que he tenido tantas veces de decirte lo que pienso, sin que tú antes me lo hubieses preguntado. Aun con la mejor voluntad, reconozco que me precipité, dejando que fluyese la corriente de palabras a través de mi boca. Y, algunas de esas veces, tu reacción fue violenta. Lo comprendo: es incómodo que te enseñen lo que no quieres ver o que te digan lo que no te apetece escuchar. A todos nos pasa, supongo.

Hoy vengo entonces a comunicarte que, a partir de ahora, esperaré a que me llames por mi nombre y apellidos, directamente, si esperas algo de mí; ya sea un punto de vista u opinión. Y tendrás que disculparme si, aunque note que caminas al borde de un barranco, no brota de mí ningún gesto o sonido. Si no me miras y me haces una señal clara, preferiré no intervenir. Así mantendremos el respeto entre los dos. Y también así podré protegerme.

Porque el objetivo de hoy no es hablarte de las cicatrices que albergo, de las ocasiones en que me respondiste con desprecio. No es a lo que voy, aunque no deje de ser un hecho. El asunto es que no tengo ya energía para exponerme a eso. Por eso, amigo, interpélame directamente, si algo quieres de mí. Si no, yo seguiré avanzando, mirando al frente y en riguroso silencio.

Zrsg90

Mi corazón

Mi corazón siempre ha sido generoso conmigo.

Se ha regenerado cada vez que me dejé pedacitos suyos esparcidos entre camas y asientos traseros de vehículos.

Ha sabido acompasar el ritmo de esta vida disoluta, con esperanza en cada latido, aun cuando el Norte apuntaba directo al abismo.

Me ha acompañado hasta aquí, con paciencia infinita ante mis tantos descuidos. Sin juzgarme. Siempre fiel y solícito.

Pero mi pobre corazón ya está cansado. Cada vez le lleva más tiempo reponerse de los desastres por los que lo arrastro. Abusé de su lealtad, sin darle más que mezquindad a cambio.

Perdóname, pues, mi corazón. Gracias, pese a todo, por haber sido mi amigo. Discúlpame por esperar que una mano ajena viniera a curarte, cuando era la mía la que te había herido.

Sé que es difícil creerme, pero, si algo todavía te pudiera prometer, sería que a partir de ahora seré considerado contigo.

Por el momento, tómate tu tiempo para volver a estar entero y después vuelve a volar, por encima de la mediocridad de éste, tu dueño.

Zrsg90

Quiéreme

«Quiéreme«, grita el inconsciente. Pero no es una orden, sino el ruego que subyace tras cada acto, cada palabra, cada sonrisa falsa, cada respiración profunda que haces, intentando mantener la calma. «Quiéreme, por favor«, suplicas cuando gastas dinero. Como aquella tarde después de comer, cuando invitaste a la ronda de cafés a esos compañeros de trabajo que apenas te habían dirigido la palabra. También cuando te dejas la energía recordando cada detalle, interesándote en cada momento, buscando demostrar que estás ahí para personas que luego no hacen lo mismo por ti. Pero no importa. Todo es poco con tal de sentir afecto, de que te acepten. Es el precio que pagas para que no te excluyan ni te agredan. Para que no te hagan daño.

Algunas noches, en tu cuarto, te das cuenta de que no importa cuánto te esforzaste; hoy también fuiste invisible para aquellos que ayer ni se molestaron en mirarte. Nunca resultó fácil sentirse el ‘verso suelto’ y te planteas que, a estas alturas, ya deberías estar habituado. Aun así, todavía te sorprendes ensuciándote el pantalón a la altura de las rodillas, de vez en cuando. «Quiéreme«, resuena constantemente el eco de tu ser.

Y, sí, ojalá algún día te quisieses a ti mismo.

Zrsg90