Como en una de esas películas en las que cada camino lleva de vuelta al origen, porque una fuerza invisible impide huir: así es como ha sido todo hasta ahora. No me libraré jamás del peso de mi karma ni del yugo de Saturno rigiendo sobre mí.
Por eso, siendo práctico, no volveré a pararme en el arcén y a buscar en el mapa vías alternativas que haya podido pasar por alto. Y, por eso, como radical que soy, decidí mandarlo todo al carajo y pisar el acelerador. Mi último acto de rebeldía.
Y, sí, lo veo tal como lo presentí. Se alza ante mí algo parecido a Polonia en los años ochenta. Frío, pétreo y gris. Dudo que haya muchas sonrisas en los días largos o en las madrugadas que se arrastran hacia una taza de café.
Pero, oye, siempre habrá un orificio por el que entrever un mundo de colores de neón. Mi pequeño glory hole de esperanza. Fuegos artificiales en un cóctel, en un polvo, en una canción que suene a otra vida, para después vivir evocando el aroma de la pólvora.
Lo acepto ya, porque yo lo firmé y de nada sirve ir contra uno mismo. Suelto, entonces, toda objeción y resistencia y me entrego de lleno a ti: haz conmigo lo que quieras.
Zrsg90
