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Destino

Como en una de esas películas en las que cada camino lleva de vuelta al origen, porque una fuerza invisible impide huir: así es como ha sido todo hasta ahora. No me libraré jamás del peso de mi karma ni del yugo de Saturno rigiendo sobre mí.

Por eso, siendo práctico, no volveré a pararme en el arcén y a buscar en el mapa vías alternativas que haya podido pasar por alto. Y, por eso, como radical que soy, decidí mandarlo todo al carajo y pisar el acelerador. Mi último acto de rebeldía.

Y, sí, lo veo tal como lo presentí. Se alza ante mí algo parecido a Polonia en los años ochenta. Frío, pétreo y gris. Dudo que haya muchas sonrisas en los días largos o en las madrugadas que se arrastran hacia una taza de café.

Pero, oye, siempre habrá un orificio por el que entrever un mundo de colores de neón. Mi pequeño glory hole de esperanza. Fuegos artificiales en un cóctel, en un polvo, en una canción que suene a otra vida, para después vivir evocando el aroma de la pólvora.

Lo acepto ya, porque yo lo firmé y de nada sirve ir contra uno mismo. Suelto, entonces, toda objeción y resistencia y me entrego de lleno a ti: haz conmigo lo que quieras.

Zrsg90

Impaciencia

Para J.

Mi signo es el Rey del fuego;

saber esperar nunca fue mi don,

aunque la vida me haya hecho trabajar en ello.

Ahora me muerdo los nudillos con especial ansia,

viendo cómo el sol baña las flores.

Es primavera, está en el ambiente,

y yo sólo siento la impaciencia de verte.

Sé que no debo desperdiciar el momento;

tan rápido lo que hoy es, quién sabe mañana.

Sin embargo, los segundos caen como losas pesadas,

mientras pienso en nuestro próximo encuentro.

Y qué decir… que te añoro y te anhelo.

Y sobre todo deseo que ojalá sientas lo mismo,

para notarlo cuando vuelva a reflejarme en tus ojitos.

Zrsg90

Confieso

Confieso que, mientras observaba tu sonrisa de niño pícaro, estuve a punto de decirte que te quería. Pero, poco antes, con mucha razón, habías comentado que la pasión es cegadora. Y, además, de pronto me di cuenta de que no todo el mundo tiene el privilegio de viajar al espacio exterior sin siquiera salir de su habitación. No todos llegan a sentirse como Bette Davis en aquel final de La Extraña Pasajera; un cigarrillo, dos miradas, la intimidad infinita y el silencio cómplice. Contigo en mis brazos, el reloj se detiene y deja de haber transiciones entre la luna y el sol. No hay principio ni fin, sólo tú y yo. Y cuando, al fin, te derramas en mí, me siento como un lienzo en blanco recibiendo el primer trazo de color de la mano de un artista.

Pero, amor, nada de eso es mi realidad. Mi cotidianidad no reluce con el brillo de tu estrella. Te irás y, habiendo comido ya, no habrá en la suciedad de mis cacharros rastro alguno de tu aroma a rosas. Ahora tus ojos me ven a través de un halo especial, pero no tardarías mucho en distinguir lo que en verdad hay detrás: otro ser humano cualquiera, sin más. Y, acaso, ¿me querrías así, porque sí? ¿Volverías a brindarme tu tiempo y tu compañía, ya superado el frenesí? ¿Aun sudado, ojeroso y fatigado, aun en el vulgar tedio del día a día, seguirías hallando belleza en mí?

Antes que procurarle respuestas innecesarias a mi corazón, opté entonces por quererte sin palabras, en aquel momento, con cada caricia y gesto. En cada beso. Y confieso que luego, cuando te marchaste, sentí una cierta tristeza al volver a aterrizar. Pero, ¿sabes? Al menos podré recordar que por unas horas alguien como tú se fijó en mí. Que, aunque fuera efímero, una vez tuve algo especial junto a ti. Que hubo un instante durante esa tarde, con tu sonrisa de niño pícaro en mis manos, en que te sentí mío.

Zrsg90