Hay ciertas personas por quienes, a veces, determinados pensamientos surgen y circulan por la mente de uno de forma repetitiva, como si de un mantra se tratase: «Por favor, que todo lo malo que pueda pasarle a esta persona me pase a mí. Yo lo afrontaré y lo superaré en su lugar«.
Uno lo siente y lo piensa sinceramente, pues desearía ahorrarle a ese ser cualquier sufrimiento. No te importa sufrir a ti, siempre y cuando veas al otro desplegar su sonrisa, que para ti es como contemplar el sol elevarse en el cielo tras una larga y fría noche.
No obstante, si ese conjuro surtiese efecto, qué egoísta sería por parte de uno olvidar que, si uno sufre, tal vez el otro también lo haga al verte a ti. Y que, posiblemente, sabiendo que tú has ‘absorbido’ lo que realmente le correspondía a él o a ella, le invadiría igualmente un gran pesar.
Sí. A veces querríamos con todas nuestras fuerzas evitarle todo mal a ciertas personas a quienes amamos y que son un tesoro para nosotros. Pero, sencillamente, no podemos. Amar es acompañar y es eso lo que, en todo caso, podemos hacer en lo posible.
Y que ese mantra que brota desde el fondo de nuestro corazón sea de un amor puro y limpio, y también de una fe certera en cuanto a que todo lo que ocurre tiene un sentido. Incluso aunque uno muchas veces no lo sepa ver ni lo pueda comprender.
Zrsg90
