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Caminante

Con el corazón algo cansado y el alma un poco desgastada, pero aún con ilusión por la mañana, cuando sale el sol. Así voy, paso a paso, aunque cada paso pese. Distribuyo los recursos para poder bilocarme; estar aquí, presente, al mismo tiempo que lo estoy dentro de mí. Así, pues, escucho y respondo al comentario de alguien que se dirige a mí y, a su vez, noto cómo vibra la frecuencia de una tercera persona.

Como tal, rindo cada día en lo visible, mientras tal vez nadie siquiera intuya el mundo paralelo que albergo en mi interior. Quemo combustible y sigo adelante, aunque el pecho note cada vez más la gravedad y pretenda llevarme al fondo del océano; allá donde vive aprisionado el fuego. Trato de ser la tierra sobre la que apoyar mis propios pies e intento ganarle terreno a los demonios, para que ya no puedan poseerme.

Así voy, pues, con el corazón algo cansado y el alma un poco desgastada, pero aún con ilusión por la mañana, cuando sale el sol.

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Impaciencia

Para J.

Mi signo es el Rey del fuego;

saber esperar nunca fue mi don,

aunque la vida me haya hecho trabajar en ello.

Ahora me muerdo los nudillos con especial ansia,

viendo cómo el sol baña las flores.

Es primavera, está en el ambiente,

y yo sólo siento la impaciencia de verte.

Sé que no debo desperdiciar el momento;

tan rápido lo que hoy es, quién sabe mañana.

Sin embargo, los segundos caen como losas pesadas,

mientras pienso en nuestro próximo encuentro.

Y qué decir… que te añoro y te anhelo.

Y sobre todo deseo que ojalá sientas lo mismo,

para notarlo cuando vuelva a reflejarme en tus ojitos.

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Mantra

Hay ciertas personas por quienes, a veces, determinados pensamientos surgen y circulan por la mente de uno de forma repetitiva, como si de un mantra se tratase: «Por favor, que todo lo malo que pueda pasarle a esta persona me pase a mí. Yo lo afrontaré y lo superaré en su lugar«.

Uno lo siente y lo piensa sinceramente, pues desearía ahorrarle a ese ser cualquier sufrimiento. No te importa sufrir a ti, siempre y cuando veas al otro desplegar su sonrisa, que para ti es como contemplar el sol elevarse en el cielo tras una larga y fría noche.

No obstante, si ese conjuro surtiese efecto, qué egoísta sería por parte de uno olvidar que, si uno sufre, tal vez el otro también lo haga al verte a ti. Y que, posiblemente, sabiendo que tú has ‘absorbido’ lo que realmente le correspondía a él o a ella, le invadiría igualmente un gran pesar.

Sí. A veces querríamos con todas nuestras fuerzas evitarle todo mal a ciertas personas a quienes amamos y que son un tesoro para nosotros. Pero, sencillamente, no podemos. Amar es acompañar y es eso lo que, en todo caso, podemos hacer en lo posible.

Y que ese mantra que brota desde el fondo de nuestro corazón sea de un amor puro y limpio, y también de una fe certera en cuanto a que todo lo que ocurre tiene un sentido. Incluso aunque uno muchas veces no lo sepa ver ni lo pueda comprender.

Zrsg90