El karma existe: se escondía tras las últimas palabras que me dedicaste. Pagué la factura, pues no tuve otra opción, pero siempre estaré hipotecado con el recuerdo de esa tristeza. Del fracaso.
No es en sí por las cosas que me dijiste, sino por lo que tengo que haberte hecho sentir, como para que te hayas expresado así. Es un pecado, como una cicatriz en mi corazón.
Y ahora sé cómo es que a alguien le importes tanto como un objeto; tanto como la nada. Incluso, menos. Lo que es que alguien te vea como un medio para un fin… y fin.
¿De verdad que fue así como te traté yo a ti? ¿Tan grande fue el daño que te infligí? ¿Tan inconscientemente cruel fui?
Ante una última oportunidad, tu negativa. Tu desprecio. Es normal: no hay esperanza para aquellos que son desterrados al infierno.
Tal vez sea tu venganza. O, quizás, una última e involuntaria lección para mí: aprender a vivir con algo que jamás podré expiar. Porque ya sabes que, para mí, así será.
Cuánto lo siento, mas no por mí. Si tanto lo lamento es por haber llegado a sacar todo esto de ti.
Zrsg90
