Quiéreme

«Quiéreme«, grita el inconsciente. Pero no es una orden, sino el ruego que subyace tras cada acto, cada palabra, cada sonrisa falsa, cada respiración profunda que haces, intentando mantener la calma. «Quiéreme, por favor«, suplicas cuando gastas dinero. Como aquella tarde después de comer, cuando invitaste a la ronda de cafés a esos compañeros de trabajo que apenas te habían dirigido la palabra. También cuando te dejas la energía recordando cada detalle, interesándote en cada momento, buscando demostrar que estás ahí para personas que luego no hacen lo mismo por ti. Pero no importa. Todo es poco con tal de sentir afecto, de que te acepten. Es el precio que pagas para que no te excluyan ni te agredan. Para que no te hagan daño.

Algunas noches, en tu cuarto, te das cuenta de que no importa cuánto te esforzaste; hoy también fuiste invisible para aquellos que ayer ni se molestaron en mirarte. Nunca resultó fácil sentirse el ‘verso suelto’ y te planteas que, a estas alturas, ya deberías estar habituado. Aun así, todavía te sorprendes ensuciándote el pantalón a la altura de las rodillas, de vez en cuando. «Quiéreme«, resuena constantemente el eco de tu ser.

Y, sí, ojalá algún día te quisieses a ti mismo.

Zrsg90