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Quiéreme

«Quiéreme«, grita el inconsciente. Pero no es una orden, sino el ruego que subyace tras cada acto, cada palabra, cada sonrisa falsa, cada respiración profunda que haces, intentando mantener la calma. «Quiéreme, por favor«, suplicas cuando gastas dinero. Como aquella tarde después de comer, cuando invitaste a la ronda de cafés a esos compañeros de trabajo que apenas te habían dirigido la palabra. También cuando te dejas la energía recordando cada detalle, interesándote en cada momento, buscando demostrar que estás ahí para personas que luego no hacen lo mismo por ti. Pero no importa. Todo es poco con tal de sentir afecto, de que te acepten. Es el precio que pagas para que no te excluyan ni te agredan. Para que no te hagan daño.

Algunas noches, en tu cuarto, te das cuenta de que no importa cuánto te esforzaste; hoy también fuiste invisible para aquellos que ayer ni se molestaron en mirarte. Nunca resultó fácil sentirse el ‘verso suelto’ y te planteas que, a estas alturas, ya deberías estar habituado. Aun así, todavía te sorprendes ensuciándote el pantalón a la altura de las rodillas, de vez en cuando. «Quiéreme«, resuena constantemente el eco de tu ser.

Y, sí, ojalá algún día te quisieses a ti mismo.

Zrsg90

Leal

Una vez leí en la Biblia el pasaje de la puerta estrecha y me gustó. Considero que guardan mucha verdad esas palabras. Mas yo diría que no es sólo una puerta, sino un camino. El sendero estrecho de la honestidad para con uno mismo que, a su vez, lleva forzosamente a ser coherente con el entorno. Se puede mentir a los demás, pero no a uno mismo, a menos que de tanto intentar creerse los propios embustes, se acabe por perder la cordura, al no poder ya diferenciar entre realidad y ficción.

La vía de la integridad y del equilibrio con aquello que uno lleva dentro es solitaria. Por eso conviene conseguir que la propia compañía sea buena. Sé que tal vez vea el ocaso solo, pero al menos lo haré sintiendo que me he sido leal. Cuando el mundo se acabe para mí, sé que preferiré bailar solo, pero libre, que caer bajo el peso insoportable de una máscara, para entonces ya indistinguible de mi propia piel, rodeado por una multitud indolente.

Y también sé que aquellos que me aman estarán esperando y tenderán su mano hacia mí.

La estrechez y la soledad por fin habrán terminado.

Zrsg90

R.M.

Hay noches que se me hacen largas y pesadas, sobre todo aquellas en las que recibo la visita de demonios. Algunos de ellos, de hecho, llevan tu rostro.

Uno se llama culpa; otro, la duda de qué pudo haber sido. Qué pudo haber sido, si yo no hubiese demolido el puente que me llevaba a ti; si no te hubiese obligado a protegerte de mí, cerrando a cal y canto tu puerta. Confieso que, aun sabiendo que ya nunca se abrirá para mí, a veces paseo por el umbral, intentando escuchar, al menos, tus pasos tras ella.

Tú fuiste un yoyó en mis manos, lo sé, pero la cuerda se rompió. Y qué bien por ti, que pudiste al final alejarte de quien con tu corazón fue despiadado.

En esas noches tediosas de las que te hablo, le digo a los demonios que se parecen a ti que ojalá seas feliz. Que ojalá en tu camino te espere alguien que sí sepa valorarte y apreciarte. Y que ojalá, si no es posible que de mí sólo te quedes con lo bueno, tu mente me diluya poco a poco de tus recuerdos.

En la oscuridad y el silencio, frente a todas las cosas que llevo dentro, deseo poder aceptar mis errores alguna vez, perdonarme, avanzar y poder ser feliz. Incluso aunque ello implique serlo sin ti.

Zrsg90

Noviembre, 2023