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Quiéreme

«Quiéreme«, grita el inconsciente. Pero no es una orden, sino el ruego que subyace tras cada acto, cada palabra, cada sonrisa falsa, cada respiración profunda que haces, intentando mantener la calma. «Quiéreme, por favor«, suplicas cuando gastas dinero. Como aquella tarde después de comer, cuando invitaste a la ronda de cafés a esos compañeros de trabajo que apenas te habían dirigido la palabra. También cuando te dejas la energía recordando cada detalle, interesándote en cada momento, buscando demostrar que estás ahí para personas que luego no hacen lo mismo por ti. Pero no importa. Todo es poco con tal de sentir afecto, de que te acepten. Es el precio que pagas para que no te excluyan ni te agredan. Para que no te hagan daño.

Algunas noches, en tu cuarto, te das cuenta de que no importa cuánto te esforzaste; hoy también fuiste invisible para aquellos que ayer ni se molestaron en mirarte. Nunca resultó fácil sentirse el ‘verso suelto’ y te planteas que, a estas alturas, ya deberías estar habituado. Aun así, todavía te sorprendes ensuciándote el pantalón a la altura de las rodillas, de vez en cuando. «Quiéreme«, resuena constantemente el eco de tu ser.

Y, sí, ojalá algún día te quisieses a ti mismo.

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Expectativas y decepciones: un poema

Cuando era adolescente solía escribir poesía con frecuencia; con el paso del tiempo, cada vez menos. Sin embargo, últimamente he pensado mucho en lo que significa vivir esperando algo de los demás: que sean de una forma u otra; que actúen de una determinada manera o no… cosas que, en definitiva, no siempre acaban ocurriendo tal y como hubiésemos deseado. Es entonces cuando surgen las decepciones. Hace poco, una persona muy cercana a mí me dijo una frase que considero llena de sabiduría: «No te decepcionan los demás; te decepcionan las expectativas que tú mismo te habías hecho sobre los demás«. Así pues, en función de estas reflexiones, he decidido expresarme en esta ocasión no mediante un artículo, sino por medio del poema que comparto a continuación:

Quiéreme hoy

Quiéreme hoy.
Quiéreme hoy como soy.
No dejes que otro día transcurra,
sin aceptarme y sin quererme así.

Tal vez no sea ya quien ayer fui
ni aún quien querrías que fuese mañana,
pero puedes tenderme la mano hoy
y quererme así, tal cual soy.

Te invito a que camines junto a mí
y a que me escuches, sin juzgarme.
Te invito a que me intentes comprender
y a que me tomes, sin intentar cambiarme.

Pero si, aún así,
sigue siendo doloroso para ti
mirarme y no hallar lo que esperas

Te invito a que me sueltes poco a poco
y a que te alejes, dando un paso tras otro,
que yo continuaré, a pesar de tu ausencia.

E.S.G.
Diciembre, 2021

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¿Qué hace a un buen jefe?: Reflexión personal

Le dedico estas palabras a todos los jefes que he tenido hasta ahora, en las diferentes empresas para las que he trabajado. Con algunos de ellos todavía, a día de hoy, mantengo el contacto y el cariño. Gracias a todos por el mejor regalo que me han podido dar hasta ahora: su ejemplo.

Eleazar Salas

La autoridad tiene algo en común con el respeto, la confianza y el afecto: es como una planta que, para que dé flores y frutos, tiene que ser cultivada, regada y cuidada a diario. Una vez leí en alguna web especializada en cine que, mientras se documentaba para el papel, una actriz preguntó qué caracterizaba a Isabel II. La respuesta que recibió fue que, al entrar en una habitación, la Reina cambiaba automáticamente ‘el clima’ de dicha estancia y la actitud de las personas que hubiese dentro de ella. Pues bien, este ‘poder’ casi mágico de la Monarca no es algo extrapolable a todas las personas en un cargo de responsabilidad.

Considero que desempeñarse como jefe, teniendo un grupo de subordinados que depende de ti y responde ante ti, es algo mucho más complicado y exigente de lo que pudiera parecer. O, para ser más exactos, desempeñarse como un buen jefe. Sin embargo, ¿dónde se sitúa la línea que separa la mediocridad de la excelencia? ¿el despotismo de la equidad? ¿la frialdad de la calidez humana? Quisiera compartir un par de ejemplos de mi vida laboral, en tanto que subordinado, para pasar a exponer después mis puntos de vista al respecto de estas cuestiones:

=> Situación 1

Por medio de un e-mail en el que varias personas del mismo equipo estábamos incluidas, el jefe dio una orden a un compañero. Éste, al no comprender bien las razones que habían motivado la petición, optó por pedir explicaciones, mostrándose en principio reticente a cumplir las instrucciones mandadas, a menos que se le compartiese más sobre el contexto, con un mayor nivel de detalle. Al no retirarnos a los demás del intercambio de correos electrónicos, a continuación tuvimos que observar cómo la conversación virtual entre el jefe y el compañero se volvía cada vez más tensa, hasta que el jefe decidió zanjar el asunto, de la mano de la siguiente frase:

«Hazlo así porque lo digo yo, ¿TE QUEDA CLARO?«.

Y, sí, las mayúsculas fueron literales.

=> Situación 2

En otra empresa y otro equipo distintos, una mañana participé en una reunión de seguimiento con mi superior. Durante la reunión, al comentarle unas dudas que todavía tenía sobre los procesos de trabajo, éste me respondió de una forma que no me gustó. De hecho, me hizo sentir, entre otras cosas, como si no me estuviera interesando de verdad por entender nada. Al terminar con mi equipo, el jefe tuvo que meterse en otra reunión, por lo que, estando él ocupado, opté por enviarle un mensaje escrito. En aproxidamentente dos o tres párrafos le expuse que, aunque estaba seguro de que no había sido su intención, la manera cómo me había hablado me había herido, puesto que mi prioridad era hacer mi trabajo lo mejor posible. Asimismo, le dije que prefería hablarlo directamente con él, por transparencia, en lugar de hacer comentarios sobre él a sus espaldas.

Su respuesta, de una única línea, consistió en el emotico del guiño y una frase: «Tranquilo. Ya hablaremos«. Pues bien, no sólo no hablamos nunca sobre el tema, sino que poco después supimos en el equipo que él cambiaría de rol en el corto-medio plazo, por lo que ya no sería nuestro jefe como tal, algo con lo que él, según parece, estaba más que conforme.

=> Conclusiones

Sobre la Situación 1:

  • Para que una persona, en tanto que jefe de un equipo, sea respetado, valorado y obedecido, lo primero que tiene que hacer es ganárselo. Aquí el jefe pretendía que se siguiesen sus instrucciones a rajatabla, porque sí, como en un régimen militar. O como si él, al igual que en el ejemplo del principio del artículo, fuese Isabel II. Ese «porque lo digo yo» no sólo contribuyó a restarle credibilidad y autoridad, sino que además generó una cierta animadversión hacia él.
  • Si, quitándonos a los no interesados de en medio, el jefe hubiese hablado con mi compañero en privado, le hubiese explicado la situación y hubiese resuelto sus dudas con paciencia, posiblemente se hubiese ahorrado un conflicto.

Sobre la Situación 2:

  • Los subordinados no son máquinas ni tampoco burros de carga, sino seres humanos con emociones, dudas, inquietudes y sus propios ritmos, lo cual hay que comprender y respetar. Aquel jefe podría haber puesto en valor cómo me sentía. Sin embargo, lo que logró fue no sólo hacerme sentir que mis opiniones o sentimientos no le importaban lo más mínimo, sino que tampoco estaba dispuesto a lidiar conmigo o con mis compañeros mucho más que para lo estrictamente necesario (es decir, para sacar el ‘látigo’ y azotarnos cuando tuviese ocasión), puesto que su interés real era el de cambiar de rol lo antes posible. En resumidas cuentas, no tenía intención alguna ni de comunicarse conmigo ni de limar ninguna aspereza.

Un líder es aquella persona que está ahí, para con los suyos, luchando junto a ellos mano a mano y codo con codo, día tras día. Una persona que sabe ganarse con esfuerzo y constancia el respeto, la confianza e, incluso, el cariño de todos aquellos que lo siguen. Cualquiera puede ser un gerente mediocre. Y es ciero que, para ser un verdadero líder, la vía es escarpada y angosta. No obstante, creo que la meta no es sino la inmensa satisfacción de sentirse a la cabeza de un equipo cohesionado, empático y productivo. Tal vez la mejor forma de practicar sea, para empezar, ser uno el líder de sí mismo y de su propia vida.Y ya, después, tal vez se pueda plantear uno liderar a otros de forma adecuada y justa.

Zrsg90