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Mi nombre es Eleazar, alias Zrsg90, y desde niño me ha gustado escribir. Os doy la bienvenida a tod@s a mi blog.

El miedo y la comunicación interpersonal

He leido en varias oportunidades que el miedo es necesario en la vida; como si se tratase de un sistema de alerta que nos ayuda a agudizar los sentidos y a reaccionar en determinadas situaciones. Un elemento importante de cara a la supervivencia.

Sin embargo, una cosa es el miedo ‘puntual’ y otra bien distinta es el ‘crónico’, que nos lleva a estados de ansiedad y de malestar psicológico y espiritual. Peor aun resulta el miedo que desarrollamos ante determinadas personas.

Los seres humanos somos entes complejos, provistos de muchas capas y aristas. Nuestras experiencias personales, entre otros asuntos, moldean la forma en la que nuestra mente nos percibe a nosotros mismos y a los demás.

A veces, por diversos motivos, uno puede cogerle miedo a otras personas. Sin embargo, el objetivo de esta reflexión no es analizar el origen o las razones de este fenómeno, sino la influencia del mismo en el proceso de comunicación.

Al igual que donde hay miedo es muy difícil que haya amor, puesto que el primero acaba por aniquilar al otro, podría decir que donde hay miedo, es prácticamente imposible que haya una comunicación interpersonal clara, respetuosa y auténtica.

Si yo, como emisor, tengo miedo del receptor en general o de cómo éste pueda reaccionar ante determinados mensajes, resulta evidente que hay tres opciones:

  1. Evito emitir el mensaje
  2. Emito el mensaje de forma incorrecta, poco clara e insatisfactoria
  3. Me armo de valor y emito el mensaje tal y como lo pienso

La opción 3 suele ser la que nos otorgará como emisores la mayor tranquilidad, en tanto en cuanto nos sentiremos bien con nosotros mismos, sobre todo por habernos enfrentado al miedo. No obstante, ésta es a su vez la opción más complicada de asumir, dada la dificultad (mayor o menor) de plantar cara a aquello que nos asusta, bloquea o paraliza y dada la tendencia que muchos tenemos a la comodidad. Sí: uno también se acomoda y se habitúa al miedo.

Llegados a este punto, comparto algunos apuntes personales:

  • Nuestra mente crea monstruos donde a veces sólo hay seres humanos tan imperfectos como nosotros.
  • El miedo es algo que, si no se enfrenta a tiempo, se enquista, nos roba energía, genera resentimientos, destruye relaciones y autoestima y, ante todo, no dejará de perseguirnos y de acecharnos hasta que le hagamos frente.
  • Dentro de los límites del respeto, la educación, la empatía y la asertividad, es preferible expresar lo que llevamos dentro. No podemos controlar cómo reaccione ni cómo responda el otro, pero al menos uno se quedará con la satisfacción de haber dado un paso adelante.
  • Es preferible no tener una relación, sea del tipo que sea, a que dicha relación sea deshonesta. Al menos si hablamos de vínculos en la esfera más íntima. Las relaciones humanas, para que sean sanas, deben basarse en el respeto y en la honestidad y no deben dar cabida al miedo.

Estos puntos son fáciles de plasmar por escrito y complicados de aplicar en el día a día. Nunca es tarde para enfrentarse al miedo, más bien se trata de una inversión en nuestra paz mental, en nuestro amor propio y en nuestra calidad de vida.

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Formas

La comunicación interpersonal es un proceso que entraña más dificultades de las que se podría imaginar uno a priori. La realidad no es tan simple como en el esquema de Emisor, Mensaje, Canal y Receptor.

Tanto o más importante que el contenido del Mensaje en sí son las formas bajo las que éste se transmite. Si el Emisor es brusco, irrespetuoso o maleducado en sus formas de expresarse, pondrá en peligro la transmisión del Mensaje.

La mente es intricada; está llena de filtros y de sesgos. Por ello, el Receptor captará, interpretará y asumirá el Mensaje, entre otros condicionantes, según hayan sido las maneras del Emisor.

La expresión popular de «Se atrapan más moscas con miel que con vinagre» no es un mero lugar común. Se trata de una seria advertencia sobre esta cuestión.

Algunas personas consideran que es suficiente con ser sincero, directo y conciso, pero la sinceridad puede ser un arma de destrucción masiva. El tacto, la delicadeza, la empatía y la asertividad se deben practicar en la comunicación del día a día.

No es fácil ser asertivo en todo momento, pero es un esfuerzo que merece la pena, con tal de evitar en la medida de lo posible que el Mensaje que deseamos transmitir se pierda o se malinterprete por nuestra culpa.

A veces, aunque tengamos las mejores intenciones y deseemos ayudar, nos arriesgamos a herir todavía más a una persona ya herida por no haber tenido el suficiente cuidado a la hora de articular lo que queremos decirle.

Y en muchos casos, desgraciadamente, la mente de ese Receptor herido se centrará en el dolor que le ha infligido el nuevo golpe que le hemos asestado, relegando a un segundo plano el contenido del Mensaje que queríamos hacerle llegar.

Una amiga mía me dijo una vez que todos los problemas del mundo son en el fondo problemas de comunicación y estoy completamente de acuerdo. Fracasos de la comunicación interpersonal, incluso.

Por favor, tengamos cuidado con nuestras formas, aunque sea un ejercicio que conlleve esfuerzo, tiempo y mucha práctica. No podemos controlar la mente del Receptor, pero podemos hacer lo posible de nuestro lado para que ésta vaya directamente al contenido de lo que queremos comunicarle y no se distraiga irremediablemente con un mal continente.

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Sobre por qué nace este blog

Uno viene al mundo sin saber absolutamente nada sobre nada. Durante algunos años un conjunto de personas (normalmente, la familia) se ocupa de dotarlo a uno con herramientas para poder relacionarse con el entorno, enfrentarse a las situaciones de la vida y poder salir adelante. De esta forma, simplificando mucho el proceso, uno va aprendiendo, evolucionando, adaptándose como buenamente se puede y, eventualmente, formándose un criterio y una personalidad propios.

Sin embargo, considero que en medio de todo lo dicho hay una gran asignatura pendiente: la comunicación. Y no sólo la comunicación entendida como el proceso de relación con el entorno, con aquellos que nos rodean, sino también con nosotros mismos. ¿Cómo me explico la historia de mi vida a mí mismo? ¿Cómo influye eso en mi forma de relacionarme con otros? ¿De qué forma gestiono mis emociones y qué vínculo existe entre ellas y la comunicación conmigo y con los demás?

Este blog nace debido a la necesidad de abordar todos estos temas desde una perspectiva netamente personal. A partir de hoy, compartiré mis reflexiones y mis opiniones, todas ellas inspiradas en mi propia experiencia de vida. No pretendo ‘hacer ciencia’ ni sentar cátedra sobre ninguno de los asuntos que trate, sino expresarme, a modo de balance y de ‘autoterapia’ y, tal vez, lograr en algún momento que alguien se sienta identificado con lo que deje por escrito.

Sin más que añadir por el momento, os invito a que me sigáis en esta nueva aventura en el mundo virtual y os doy las gracias de antemano por el tiempo que dediquéis a leerme.

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