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Y yo, ¿para quién escribo?

Para la tierra pisada una y otra vez por los turistas, cuando ya todo el mundo se ha ido y el recinto ha echado el cierre.

Para esas lápidas del camposanto sobre las que nadie deposita flores en el día de los muertos.

Para aquellos que se sientan solos en el purgatorio, mientras afrontan las deudas pendientes de su karma.

Para los fantasmas de la red, las hadas del bosque y los djinns del desierto.

Para esas canciones que un día bailamos y ya no recordamos.

Para los ángeles, ¿acaso me escuchan?

Para aquellos que quise y ya no están, ¿notan en el más allá la vibración de estas palabras?

Para los que quiero y aún están, ¿les llega, aunque no me lean, la oleada de mis sentimientos?

Para esa intimidad del interior de mi mente, a la que nadie tiene acceso salvo, si acaso, Dios.

Para ti, si tú quieres.

Para mí, siempre.

Zrsg90

Formas

La comunicación interpersonal es un proceso que entraña más dificultades de las que se podría imaginar uno a priori. La realidad no es tan simple como en el esquema de Emisor, Mensaje, Canal y Receptor.

Tanto o más importante que el contenido del Mensaje en sí son las formas bajo las que éste se transmite. Si el Emisor es brusco, irrespetuoso o maleducado en sus formas de expresarse, pondrá en peligro la transmisión del Mensaje.

La mente es intricada; está llena de filtros y de sesgos. Por ello, el Receptor captará, interpretará y asumirá el Mensaje, entre otros condicionantes, según hayan sido las maneras del Emisor.

La expresión popular de «Se atrapan más moscas con miel que con vinagre» no es un mero lugar común. Se trata de una seria advertencia sobre esta cuestión.

Algunas personas consideran que es suficiente con ser sincero, directo y conciso, pero la sinceridad puede ser un arma de destrucción masiva. El tacto, la delicadeza, la empatía y la asertividad se deben practicar en la comunicación del día a día.

No es fácil ser asertivo en todo momento, pero es un esfuerzo que merece la pena, con tal de evitar en la medida de lo posible que el Mensaje que deseamos transmitir se pierda o se malinterprete por nuestra culpa.

A veces, aunque tengamos las mejores intenciones y deseemos ayudar, nos arriesgamos a herir todavía más a una persona ya herida por no haber tenido el suficiente cuidado a la hora de articular lo que queremos decirle.

Y en muchos casos, desgraciadamente, la mente de ese Receptor herido se centrará en el dolor que le ha infligido el nuevo golpe que le hemos asestado, relegando a un segundo plano el contenido del Mensaje que queríamos hacerle llegar.

Una amiga mía me dijo una vez que todos los problemas del mundo son en el fondo problemas de comunicación y estoy completamente de acuerdo. Fracasos de la comunicación interpersonal, incluso.

Por favor, tengamos cuidado con nuestras formas, aunque sea un ejercicio que conlleve esfuerzo, tiempo y mucha práctica. No podemos controlar la mente del Receptor, pero podemos hacer lo posible de nuestro lado para que ésta vaya directamente al contenido de lo que queremos comunicarle y no se distraiga irremediablemente con un mal continente.

Zrsg90