Archivo de la etiqueta: Comunicación Interpersonal

Emisor y receptor: nivelando posiciones

Desconozco si, en el curso del día a día, alguien se haya parado alguna vez a pensar que, para que la comunicación entre dos personas pueda funcionar, éstas deberían situarse a la misma altura. Es decir, ninguna de las dos debería sentirse en superioridad o en inferioridad con respecto a la otra. Esta idea podría en principio parecer tonta, pero no lo es. Voy a intentar ilustrarla por medio de un ejemplo:

=> Situación

Imaginemos que se produce un malentendido, el cual entraña un malestar entre dos individuos. Uno de ellos, en vista del problema acaecido, se expresa así:

«Discúlpame. La verdad es que me he equivocado y lo reconozco; me hubiera gustado haber actuado de otra forma, para no haber llegado a este punto. Sin embargo, aunque no puedo volver atrás, lamento sinceramente lo ocurrido»

=> Escenario ideal de respuesta

En mi opinión, de cara a la resolución del asunto, la otra persona podría replicar de la siguiente manera:

«Discúlpame tú también a mí, porque tal vez incluso inconscientemente pude haber contribuído a crear o a alimentar esta situación indeseada. Como bien dices, no podemos ya volver atrás, pero podemos aprender de los acontecimientos. Así, por lo menos, aunque como seres humanos nos seguiremos equivocando, procuraremos no tropezar con la misma piedra»

Esta hipotética respuesta, aparte de hacer uso de la asertividad, contribuye a que las dos personas se situen al mismo nivel. Es decir, no se asumen roles de víctima/agresor ni se da pie a que nadie se sienta mejor que nadie. Por el contrario, ambos individuos pueden reflejarse el uno en el otro y pueden ayudarse mutuamente a aprender y a crecer. El problema es que este escenario no se da casi nunca en la práctica.

En primer lugar, como ya he apuntado en otros artículos anteriores, es tremendamente sencillo caer en la dinámica de víctima versus agresor o en la de yo-tengo-razón versus eres-tú-quien-está-equivocado. Además, existe un rasgo propio de la naturaleza humana que torpedea nuestra relación con nosotros mismos y con el entorno: la soberbia. Debido a ella muchas veces no vemos que, aunque el otro haya cometido errores, quizás nosotros también, aun sin ser conscientes de ello.

Cada ser humano, en su propia lucha por sobrevivir, se aferra ‘con uñas y dientes’ a sí mismo; a su forma de entender la realidad. Esto, no obstante, convella el riesgo de creer que la verdad de uno es ‘la absoluta’ y que todos los demás tienen que transigir. Es común en el curso de una conversación, por ejemplo, que si no gestionamos con habilidad las diferencias de parecer sobre algún tema ‘sensible’ para alguno de los interlocutores, éstas acarreen disgustos innecesarios.

Asimismo, uno tiende a olvidarse de su propia imperfección. Nadie vino al mundo con la lección aprendida. Indudablemente todos tenemos defectos y todos ‘metemos la pata’. Es cierto que en toda relación sana tiene que haber límites, pero también considero no sólo sano, sino también loable que, antes de alcanzar dichos límites, uno pueda tender la mano al otro, haciéndolo sentir tan humano como uno, sin ‘demonizar’ ni ‘meter el dedo en la llaga’.

En la gestión de conflictos, el proceso de comunicación interpersonal quizás se vuelva más difícil, pero desde luego también se convierte en la llave de la solución. Y, sobre su complejidad, traigo a colación un bonito símil que alguien me compartió en una oportunidad: navegar en medio de una tormeta nunca es algo agradable ni que esté excento de miedos, pero los mejores navegantes son justamente aquellos que se curten echándose a la mar.

Zrsg90

La empatía: fracaso o éxito de la comunicación interpersonal

Todos en algún momento habremos leído, escuchado, escrito o pronunciado, tal vez con otras palabras, algunas de las siguientes frases:

  • No hay dos vidas iguales.
  • El cuchillo con el que me ‘tallo’ a mí mismo posiblemente no sirva para ‘cortar’ a nadie más.
  • Cada persona está inmersa en su propio viaje o experiencia de vida; en su aprendizaje particular y en la lucha por salir adelante.

Estas ideas son tremendamente fáciles de plasmar por escrito o de expresar en voz alta, como un loro que repite lo que oye. Eso sí, qué complicado es en verdad comprender lo que significan y, sobre todo, aplicarlas en la cotidianidad. Veamos: ¿Cuánto tiempo empleamos señalando a los demás, sin plantearnos que tal vez lo que tan claramente criticamos en el otro es exactamente lo que reconocemos en nosotros mismos? ¿Cuánta energía invertimos en mirar hacia afuera, en lugar de revisarnos por dentro? ¿Por qué pretendemos tan a menudo que todos estén de acuerdo con nuestras ideas y nos enfadamos si nos llevan la contraria? ¿Por qué tiende uno a creer que su verdad es universal y absoluta? En principio, podría parecer que estas preguntas poco tienen que ver con la comunicación. Sin embargo, influyen de forma peligrosa.

Uno de los pilares de la comunicación interpersonal sana es de hecho el respeto. Por ejemplo: si no me doy cuenta de que soy capaz de detectar la soberbia en otro ser humano, debido a que tal soberbia también habita en mí, quizás cometeré el error de creer que no estoy en igualdad de condiciones con esa persona. Incluso podría creerme ‘mejor’ que ella. Y, de ocurrir, correría el riesgo de emitir un mensaje desde una posición de ‘superioridad moral’ o de falsa condescendencia. Otra casuística: si no me doy cuenta de que lo que a mí me sirve tal vez no sea de utilidad para otro, incluso estando éste en medio de una situación similar, posiblemente intente poner mi verdad por encima de la del otro. Esto no sólo es irrespetuoso, sino que posiblemente mi interlocutor lo interprete como una agresión y sienta que lo estoy hiriendo, cuando en realidad mi intención era ayudar.

Muchos han compartido reflexiones sobre la empatía. Para mí, se trata casi de un poder mágico; de una ardua disciplina que conviene trabajar cada día, si se quiere asimilar una serie de ideas que pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso en comunicación:

  • No soy mejor ni peor que nadie.
  • No puedo compararme con nadie ni nadie puede compararse conmigo, puesto que cada vida es diferente.
  • Lo que a mí me funciona no tiene por qué funcionarle a otro, y viceversa.
  • ¿Lo que observo en el otro, que me molesta o que rechazo, es acaso algo que tengo también en mí? ¿Será ése tal vez el origen del malestar?
  • Aunque a veces no entienda por qué el otro hace lo que hace, sé que todo acto responde a unos motivos.
  • En caso de que me afecten o me ‘salpiquen’ las consecuencias colaterales de la decisión de otra persona, el primer paso que dar consistirá en comprender las razones de lo ocurrido, no reaccionar de forma agresiva o destructiva.

Sobre todo esto, como he comentado antes, resulta muy fácil hablar, pero es difícil ponerlo en práctica. No obstante, como ocurre con tantas otras cosas, sospecho que se trata de una carrera de fondo, más que de velocidad. Además, ¿qué pasa si me equivoco o si se me olvida? Nada: al final uno es humano. Lo importante es aprender. Como se suele decir: «ensayo y error«.

Zrsg90

Un compañero: reflexión sobre comunicación intrapersonal

Todo empieza y todo acaba en uno. Dentro de uno, para ser más específicos. Cómo percibimos el entorno, a los demás, a los pensamientos que circulan por nuestra mente, a las emociones que en principio no sabemos identificar… y a la imagen que tenemos de nosotros mismos. Todo comienza en nuestro fuero interno, como la semilla desde la que crecerá un árbol que buscará el cielo con sus ramas. Siendo esto así, llega un momento en el que uno se detiene y se empieza a plantear qué significa en realidad el autoestima; la confianza en uno mismo.

El vertiginoso ritmo de la rutina, la dependencia del dinero, la lucha por la supervivencia en el día a día. Estos son, entre otros, factores que pueden llevarlo a uno a vivir en modo ‘Piloto automático’. Es decir, sin plantearse realmente nada, sin mirarse hacia dentro, sólo dejándose llevar. No es una tarea fácil ni agradable observarse a uno mismo tal cual se es. Se tiende a pensar que uno es siempre el ‘bueno’ de la historia, cuando no la ‘víctima’. El malo siempre es otro. La responsabilidad es ajena a uno. Y así, seguimos adelante, huyendo siempre hacia el frente y creyendo que nos salimos con la nuestra.

En este punto, considero que todos los seres humanos somos iguales, en tanto que seres imperfectos, llenos de defectos, buscando un camino en esta vida, a la que llegamos sin tener ni idea de por qué ni de para qué. Tal vez lo que nos diferencie sea la actitud que asumamos ante tal situación. Yo, durante años, he sido ese tipo de persona irresponsable, victimista, sintiéndome el eterno agraviado por el entorno, por los demás y por mi propia existencia. Sin embargo, me he dado cuenta de que mi verdadero problema era nada más y nada menos que uno de actitud.

Venimos a este mundo en condiciones diferentes, en el seno de familias distintas que hacen lo que pueden por nosotros. Sin embargo, pese a todo, independientemente de lo que pase a nuestro alrededor, uno tiene en su mano la posibilidad de elegir cómo asumirlo todo y cómo responder. La cuestión es que muchas veces o lo ignoramos o se nos olvida o hacemos la vista gorda, porque quizás sea más cómodo así. Pero la comunicación intrapersonal, cómo nos percibimos y qué nos decimos sobre nosotros mismos, es la base de todos los posteriores procesos de intercambio con el exterior, con los otros.

A día de hoy admito que por primera vez en mi vida estoy trabajando en aceptarme tal y como soy; en quererme tal y como soy, como ser humano imperfecto (y que lo será siempre); en abrazar mi historia de vida tal cual es, sin sentir vergüenza ni autocensura ni dolor por los errores cometidos y por las consecuencias de estos. No puedo volver atrás para enmendar el daño causado o corregir decisiones cuyos resultados no fueron tal vez los mejores. Aun así, ¡qué bien contar con todo ese bagaje de experiencia del que tanto puedo aprender hoy!

El autoconocimiento, la aceptación de uno mismo y la autoestima no fáciles ni rápidos de lograr. Algo en mí me dice que son disciplinas en las que trabajar cada día. Sin embargo, creo que de esta manera se puede establecer un proceso de comunicación sana con uno mismo. A su vez, a partir de estos cimientos posiblemente se pueda contruir un canal de comunicación asertivo hacia los demás. Cada quien está en un punto distinto de su vida, pero para desarrollar empatía hacia los demás, tal vez lo primero sea desarrollarla para con uno mismo. Pasar de ser un enemigo a ser un compañero. Uno para toda la vida.

Zrsg90