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Interpélame

De buenas intenciones se edificó el infierno, dicen. Así pues, admito la mala costumbre que he tenido tantas veces de decirte lo que pienso, sin que tú antes me lo hubieses preguntado. Aun con la mejor voluntad, reconozco que me precipité, dejando que fluyese la corriente de palabras a través de mi boca. Y, algunas de esas veces, tu reacción fue violenta. Lo comprendo: es incómodo que te enseñen lo que no quieres ver o que te digan lo que no te apetece escuchar. A todos nos pasa, supongo.

Hoy vengo entonces a comunicarte que, a partir de ahora, esperaré a que me llames por mi nombre y apellidos, directamente, si esperas algo de mí; ya sea un punto de vista u opinión. Y tendrás que disculparme si, aunque note que caminas al borde de un barranco, no brota de mí ningún gesto o sonido. Si no me miras y me haces una señal clara, preferiré no intervenir. Así mantendremos el respeto entre los dos. Y también así podré protegerme.

Porque el objetivo de hoy no es hablarte de las cicatrices que albergo, de las ocasiones en que me respondiste con desprecio. No es a lo que voy, aunque no deje de ser un hecho. El asunto es que no tengo ya energía para exponerme a eso. Por eso, amigo, interpélame directamente, si algo quieres de mí. Si no, yo seguiré avanzando, mirando al frente y en riguroso silencio.

Zrsg90

Leal

Una vez leí en la Biblia el pasaje de la puerta estrecha y me gustó. Considero que guardan mucha verdad esas palabras. Mas yo diría que no es sólo una puerta, sino un camino. El sendero estrecho de la honestidad para con uno mismo que, a su vez, lleva forzosamente a ser coherente con el entorno. Se puede mentir a los demás, pero no a uno mismo, a menos que de tanto intentar creerse los propios embustes, se acabe por perder la cordura, al no poder ya diferenciar entre realidad y ficción.

La vía de la integridad y del equilibrio con aquello que uno lleva dentro es solitaria. Por eso conviene conseguir que la propia compañía sea buena. Sé que tal vez vea el ocaso solo, pero al menos lo haré sintiendo que me he sido leal. Cuando el mundo se acabe para mí, sé que preferiré bailar solo, pero libre, que caer bajo el peso insoportable de una máscara, para entonces ya indistinguible de mi propia piel, rodeado por una multitud indolente.

Y también sé que aquellos que me aman estarán esperando y tenderán su mano hacia mí.

La estrechez y la soledad por fin habrán terminado.

Zrsg90

Necedad

Si alguna vez he querido perpetrar un crimen, ha sido el de robarle más tiempo al tiempo: más horas al día, más días al fin de semana, más semanas a las vacaciones, más vacaciones a la rutina de la vida.

De acometer un delito, violaría las leyes de esta realidad, para eternizar algunas de las cosas que he sentido: el amor de mi madre, la ternura de mi abuela, la compañía de mis tías, la lealtad de mis amigos.

Si pecase contra Dios, destrozaría el fruto de su creación; detendría, al fin, las desesperantes agujas del reloj. Y, así, disfrutaría de lo bueno, de los míos, para siempre.

Pero Dios se carcajea ante mis pueriles blasfemias. Y no hay castigo ni grilletes para aquello que jamás ocurrirá.

Tras su pataleta, quizás halle algo de consuelo en la esperanza este necio mortal.

Y, tal vez, también, la empatía de todos los que se hayan planteado los mismos desatinos.

Zrsg90