Cuando una relación muere, igual que cuando un ser fallece, lo mejor es sepultar o incinerar el cadáver cuanto antes. Deshacerse de él de forma adecuada, en definitiva. De lo contrario, si uno se aferra a esa entidad inerte mucho tiempo, su creciente putrefacción infectará todo. Hay que aprender a decir adiós y a desprenderse. Y, pasado el periodo normal de duelo, honrar el vínculo que existió, quedándose con lo bueno.
Por dignidad personal y por respeto a lo que una vez fue y ya no es, no debe uno ensuciarlo con resentimientos ni malos pensamientos. Se reconoce el daño ocasionado y se pide perdón; se contempla también el daño que a uno le infligieron y se perdona. Se da las gracias por lo vivido y se deja ir. Al final, se trata de que el espíritu del difunto vínculo se eleve en el aire, no de que se convierta en una piedra en el corazón.
Zrsg90
Abril, 2023
