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Mediocridad

«Extiende tu muñeca hacia mis labios«, me ordena. Y yo, sumiso, me entrego.

Desnudo mi piel al completo y le invito: «Haz conmigo lo que quieras«.

Yo ya sabía lo que había, cuando él vino a mi encuentro en aquel cruce de caminos.

Uno de ellos continuaba la vida que entonces llevaba; obviamente fue el otro el que a sabiendas elegí.

«¿Qué es el alma, al fin y al cabo?«, pensé yo. «¿Qué más da derramar en su boca cada día algo de sangre? Hoy un poquito; mañana, un poquito más«.

Él me ofreció el oro, sí, pero sin ocultarme el precio. Nunca hubo por su parte ni trampa ni opacidad.

¿Para qué mentir, entonces? ¡Máscaras fuera ya! Es hora, por fin, de admitir mi infinita mediocridad. Cuando alguien llama ‘caricias’ a unos cuantos latigazos, yo sonrío y, obediente, le pido cada vez más.

Y la cuestión es que sé que nada cambiará jamás. Por eso, para uno no hay derechos ni lamentos ni dignidad.

Al menos, seamos honestos: no fue él quien propició el encuentro.

Fui yo quien obligó al Diablo a venir, con el culo en alto y la frente pegada al suelo.

Zrsg90

Adicto

Es complicado, si una mano se alza en busca del Cordero, mientras la otra le echa un pulso a la estrella del alba.

Cuando quieres elevarte, pero algo se aferra a tus entrañas y tira de ti hacia abajo… al bajo vientre; a los bajos fondos; al bajo Astral.

Cuando, vulnerable, formaba un círculo junto a otros como yo, para que alguien entonase con angustia una oración: «juntos podemos, juntos somos fuertes… que de verdad podamos serlo, por favor«.

No obstante, aun con las plantas de los pies abrasadas, uno no para de andar. De intentar mantener la mente en blanco, aunque la legión de caídos te susurre a ambos oídos que te dejes llevar.

A mí nadie me ha ganado nunca en tenacidad, aun siendo yo solo contra quién sabe cuántos. Nadie me gana en testarudez, ni siquiera su líder, el primero en caer.

Sé que ellos usan mi cuerpo, y cuanto llevo por dentro, para saciar su hambre y su sed. Pero yo no vine a este mundo a ser esclavo de nadie y jamás lo seré.

Así que ojalá Miguel guarde mi espalda día y noche en esta lucha, porque sé que, hasta que cierre los ojos por última vez, no habrá momento alguno en que me pueda distraer.

Zrsg90