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Interpélame

De buenas intenciones se edificó el infierno, dicen. Así pues, admito la mala costumbre que he tenido tantas veces de decirte lo que pienso, sin que tú antes me lo hubieses preguntado. Aun con la mejor voluntad, reconozco que me precipité, dejando que fluyese la corriente de palabras a través de mi boca. Y, algunas de esas veces, tu reacción fue violenta. Lo comprendo: es incómodo que te enseñen lo que no quieres ver o que te digan lo que no te apetece escuchar. A todos nos pasa, supongo.

Hoy vengo entonces a comunicarte que, a partir de ahora, esperaré a que me llames por mi nombre y apellidos, directamente, si esperas algo de mí; ya sea un punto de vista u opinión. Y tendrás que disculparme si, aunque note que caminas al borde de un barranco, no brota de mí ningún gesto o sonido. Si no me miras y me haces una señal clara, preferiré no intervenir. Así mantendremos el respeto entre los dos. Y también así podré protegerme.

Porque el objetivo de hoy no es hablarte de las cicatrices que albergo, de las ocasiones en que me respondiste con desprecio. No es a lo que voy, aunque no deje de ser un hecho. El asunto es que no tengo ya energía para exponerme a eso. Por eso, amigo, interpélame directamente, si algo quieres de mí. Si no, yo seguiré avanzando, mirando al frente y en riguroso silencio.

Zrsg90

Divagaciones de té verde

Hoy, al calmar mi ritmo, percibo la luz que se abre paso por entre los recovecos más lúgubres. Así como un goteo de sangre que desciende, incesante, hacia las fauces abiertas de un demonio. Ambas realidades coexisten, moldeando una mente, estirándola, como probando cuánto puede contorsionarse sin romperse.

Siento la frecuencia del infierno, sintonizando la voz de una tristeza infinita, un hambre que jamás se saciará. ¿Es el ego quién está detrás? Y, sin embargo, la luz logra sortearlo, atravesar toda densidad, como un designio irrenunciable.

Me pregunto si no es uno su propio vampiro, su propio escollo, su verdugo. Si Dios y Lucifer simplemente nos observan, distantes, mientras usamos nuestra libertad, sin querer asumir responsabilidad alguna. Si venimos con un plan, ¿nos distraemos? ¿Cuánto podemos desviarnos? ¿Lo cumplimos?

Bebo mi té verde, en esta gris mañana de sábado, y me pregunto hasta qué punto, consciente o inconscientemente, nos defraudamos; nos autodestruimos poco a poco, en un largo, pero certero suicidio, sin darnos cuenta de que no somos víctimas de nadie más que de nosotros mismos.

Zrsg90

Adicto

Es complicado, si una mano se alza en busca del Cordero, mientras la otra le echa un pulso a la estrella del alba.

Cuando quieres elevarte, pero algo se aferra a tus entrañas y tira de ti hacia abajo… al bajo vientre; a los bajos fondos; al bajo Astral.

Cuando, vulnerable, formaba un círculo junto a otros como yo, para que alguien entonase con angustia una oración: «juntos podemos, juntos somos fuertes… que de verdad podamos serlo, por favor«.

No obstante, aun con las plantas de los pies abrasadas, uno no para de andar. De intentar mantener la mente en blanco, aunque la legión de caídos te susurre a ambos oídos que te dejes llevar.

A mí nadie me ha ganado nunca en tenacidad, aun siendo yo solo contra quién sabe cuántos. Nadie me gana en testarudez, ni siquiera su líder, el primero en caer.

Sé que ellos usan mi cuerpo, y cuanto llevo por dentro, para saciar su hambre y su sed. Pero yo no vine a este mundo a ser esclavo de nadie y jamás lo seré.

Así que ojalá Miguel guarde mi espalda día y noche en esta lucha, porque sé que, hasta que cierre los ojos por última vez, no habrá momento alguno en que me pueda distraer.

Zrsg90