Todas las entradas por zrsg90

Mi nombre es Eleazar, alias Zrsg90, y desde niño me ha gustado escribir. Os doy la bienvenida a tod@s a mi blog.

El pasado y las arenas movedizas

El pasado es como una biblioteca privada para cada uno, donde se conservan álbumes de fotos y de recortes sobre nuestras vidas; libros y diccionarios sobre nuestras memorias, experiencias y significaciones personales. Podemos dedicar largos ratos a pasear dentro de nosotros, por esos interminables corredores; sentir desde nostalgia hasta horror, durante el ejercicio de evocación; aprender algo útil, una vez que el tiempo hace su trabajo, ayudándonos a separar el grano de la paja. Sin embargo, esa proyección hacia atrás no está exenta de peligros, pues ocasionalmente el suelo de esas bibliotecas particulares puede dejar de ser firme, para volverse de arenas movedizas. Y el acto inocente de mirar atrás se torna en un bucle mental, un bloqueo emocional, del cual es difícil salir.

Si hay un ritual arduo es el de mirarse al espejo. No para lavarse la cara, por la mañana, ni para maquillarse antes de salir, sino para reconocerse a uno mismo por lo que ha sido y lo que es a día de hoy. Desconectar el piloto automático, abandonar toda distracción y prestar verdadera atención a esa imagen que nos devuelve la superficie reflectante, observando más allá de la piel. Si hay algo doloroso es sincerarse con uno mismo, dándose cuenta de que uno no es lo que se ha hecho creer; que uno no es el ‘bueno’ de la historia; que uno también se ha equivocado, más o menos conscientemente, y que también ha hecho daño y se ha portado mal con otros; que las ideas o conceptos que se veneraba como dogmas, en realidad son estructuras de barro que cualquier llovizna puede deshacer.

Entonces, desde el malestar de la verdad, uno recorre una vez más los pasillos de sus recuerdos, dándose permiso de ver lo que antes no quería o no podía. Pero es justo ahí, durante ese viaje, cuando más acecha el peligro de no poder regresar; de quedarse atrapado en el pasado. Los días pueden sucederse uno tras otro y uno quizás siga abriendo los ojos cada mañana. No obstante, no se está donde se tiene que estar, que es en el momento presente. En el fondo, uno está suspendido en una dimensión remota. Y lo peor es que a veces no se da uno cuenta de que la arena movediza ya la llega al cuello y que, si se hunde del todo, dejará de respirar… y de vivir.

Si algo recuerdo con cariño de El Gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald, es el ansia de su protagonista por volver atrás. Yo también lo he sentido y no sé cuántas veces habría deseado retroceder, para cambiar lo que en su momento decidí que fuese mi destino. Pero, sencillamente, es imposible. No podemos viajar en el tiempo, pero sí analizar, comprender y aceptar aquello que nos duele. E incluso perdonarnos y permitirnos seguir adelante, buscando lo que para nosotros sea la felicidad. Ésa es la cuerda a la que aferrarnos para escapar de las arenas movedizas: la capacidad de comprendernos, perdonarnos y querernos; de recordar que cada nuevo día no es sino una oportunidad para estar en el presente y aplicar precisamente aquello que se haya podido aprender del pasado.

Zrsg90

De magia… y de esfuerzo: carta a mí mismo

Eleazar,

¿Recuerdas cuando eras pequeño y decías que querías ser mago? Pues, ¡enhorabuena! No sólo es posible, sino que todavía estás a tiempo de convertirte en uno. Eso sí, debes tener en cuenta que la magia no es como la describen los mitos, los cuentos o las películas. Existe, pero de forma mucho más sútil y discreta de lo que se pueda imaginar y, desde luego, no tiene nada que ver con los ‘abracadabra’ ni con los ‘hocus pocus’.

¿Recuerdas esa sensación de admiración y de (admítelo) algo de envidia que sentías, al constatar en los medios de comunicación el éxito de ciertas personas? Debes sabes que todas ellas fueron y, en algunos casos, siguen siendo grandes practicantes de la magia. Y su secreto no estaba tan oculto a tus sentidos como podías creer. Lo que ocurre es que lo que veías en ellas era el resultado más evidente de lo que habían logrado, pero omitías todo lo que había habido detrás.

Los mejores y más efectivos conjuros se lanzan cuando se establece en la mente un objetivo y se decide orientar todo el poder y la energía propia en pos de conseguirlo. Cuando cada día, al salir de nuevo el sol, uno se reafirma en sus propósitos, verificando que cada paso que se da y que cada decisión que se toma lo acerca a uno un poco más a la meta. Y no hace falta ninguna hierba especial o metal precioso, ni cruzar el mundo buscando el Santo Grial. Basta con disponer de estos ingredientes:

  • Determinación
  • Esfuerzo
  • Sacrificio
  • Disciplina
  • Paciencia
  • Resistencia
  • Fe

Si eres capaz de dedicar cada gota de sudor de tu frente, cada latido de tu corazón, cada onda de tu cerebro y cada vibración de tu espíritu a la consecución de tus sueños, estos trascenderán la dimensión intangible de la imaginación, para materializarse en este plano de existencia. Incluso cuando la vida no te dé como respuesta lo que esperabas, te sorprenderá igualmente. Tal vez lo que te dé sea algo en lo que nunca habías pensado, pero que acabará superando todas tus expectativas.

Eso sí: nunca olvides que los milagros no están al alcance de los que tiran la toalla a la primera de cambio. Tendrás que luchar cada día, puesto que no existe la recompensa sin el debido esfuerzo previo. Nada es gratis; todo tiene un precio y todo lo que deseas conlleva una transacción. Es decir, recibes porque das. Así pues, los mejores magos son aquellos que saben que se puede lograr mucho en la vida, pero no chasqueando los dedos ni con el toque de una varita, como en los mitos.

Lo mejor de todo, no obstante, es que para iniciarse en esta profesión nunca es tarde. De hecho, como te dije al principio de esta carta, estás más que a tiempo de enrolarte. No es éste un arte fácil de dominar, pero nunca te sentirás tan realizado como cuando contemples todas las cosas maravillosas que habrás podido conseguir por ti mismo. Está en tu mano y depende de ti. Adelante.

Zrsg90

¿Qué hace a un buen jefe?: Reflexión personal

Le dedico estas palabras a todos los jefes que he tenido hasta ahora, en las diferentes empresas para las que he trabajado. Con algunos de ellos todavía, a día de hoy, mantengo el contacto y el cariño. Gracias a todos por el mejor regalo que me han podido dar hasta ahora: su ejemplo.

Eleazar Salas

La autoridad tiene algo en común con el respeto, la confianza y el afecto: es como una planta que, para que dé flores y frutos, tiene que ser cultivada, regada y cuidada a diario. Una vez leí en alguna web especializada en cine que, mientras se documentaba para el papel, una actriz preguntó qué caracterizaba a Isabel II. La respuesta que recibió fue que, al entrar en una habitación, la Reina cambiaba automáticamente ‘el clima’ de dicha estancia y la actitud de las personas que hubiese dentro de ella. Pues bien, este ‘poder’ casi mágico de la Monarca no es algo extrapolable a todas las personas en un cargo de responsabilidad.

Considero que desempeñarse como jefe, teniendo un grupo de subordinados que depende de ti y responde ante ti, es algo mucho más complicado y exigente de lo que pudiera parecer. O, para ser más exactos, desempeñarse como un buen jefe. Sin embargo, ¿dónde se sitúa la línea que separa la mediocridad de la excelencia? ¿el despotismo de la equidad? ¿la frialdad de la calidez humana? Quisiera compartir un par de ejemplos de mi vida laboral, en tanto que subordinado, para pasar a exponer después mis puntos de vista al respecto de estas cuestiones:

=> Situación 1

Por medio de un e-mail en el que varias personas del mismo equipo estábamos incluidas, el jefe dio una orden a un compañero. Éste, al no comprender bien las razones que habían motivado la petición, optó por pedir explicaciones, mostrándose en principio reticente a cumplir las instrucciones mandadas, a menos que se le compartiese más sobre el contexto, con un mayor nivel de detalle. Al no retirarnos a los demás del intercambio de correos electrónicos, a continuación tuvimos que observar cómo la conversación virtual entre el jefe y el compañero se volvía cada vez más tensa, hasta que el jefe decidió zanjar el asunto, de la mano de la siguiente frase:

«Hazlo así porque lo digo yo, ¿TE QUEDA CLARO?«.

Y, sí, las mayúsculas fueron literales.

=> Situación 2

En otra empresa y otro equipo distintos, una mañana participé en una reunión de seguimiento con mi superior. Durante la reunión, al comentarle unas dudas que todavía tenía sobre los procesos de trabajo, éste me respondió de una forma que no me gustó. De hecho, me hizo sentir, entre otras cosas, como si no me estuviera interesando de verdad por entender nada. Al terminar con mi equipo, el jefe tuvo que meterse en otra reunión, por lo que, estando él ocupado, opté por enviarle un mensaje escrito. En aproxidamentente dos o tres párrafos le expuse que, aunque estaba seguro de que no había sido su intención, la manera cómo me había hablado me había herido, puesto que mi prioridad era hacer mi trabajo lo mejor posible. Asimismo, le dije que prefería hablarlo directamente con él, por transparencia, en lugar de hacer comentarios sobre él a sus espaldas.

Su respuesta, de una única línea, consistió en el emotico del guiño y una frase: «Tranquilo. Ya hablaremos«. Pues bien, no sólo no hablamos nunca sobre el tema, sino que poco después supimos en el equipo que él cambiaría de rol en el corto-medio plazo, por lo que ya no sería nuestro jefe como tal, algo con lo que él, según parece, estaba más que conforme.

=> Conclusiones

Sobre la Situación 1:

  • Para que una persona, en tanto que jefe de un equipo, sea respetado, valorado y obedecido, lo primero que tiene que hacer es ganárselo. Aquí el jefe pretendía que se siguiesen sus instrucciones a rajatabla, porque sí, como en un régimen militar. O como si él, al igual que en el ejemplo del principio del artículo, fuese Isabel II. Ese «porque lo digo yo» no sólo contribuyó a restarle credibilidad y autoridad, sino que además generó una cierta animadversión hacia él.
  • Si, quitándonos a los no interesados de en medio, el jefe hubiese hablado con mi compañero en privado, le hubiese explicado la situación y hubiese resuelto sus dudas con paciencia, posiblemente se hubiese ahorrado un conflicto.

Sobre la Situación 2:

  • Los subordinados no son máquinas ni tampoco burros de carga, sino seres humanos con emociones, dudas, inquietudes y sus propios ritmos, lo cual hay que comprender y respetar. Aquel jefe podría haber puesto en valor cómo me sentía. Sin embargo, lo que logró fue no sólo hacerme sentir que mis opiniones o sentimientos no le importaban lo más mínimo, sino que tampoco estaba dispuesto a lidiar conmigo o con mis compañeros mucho más que para lo estrictamente necesario (es decir, para sacar el ‘látigo’ y azotarnos cuando tuviese ocasión), puesto que su interés real era el de cambiar de rol lo antes posible. En resumidas cuentas, no tenía intención alguna ni de comunicarse conmigo ni de limar ninguna aspereza.

Un líder es aquella persona que está ahí, para con los suyos, luchando junto a ellos mano a mano y codo con codo, día tras día. Una persona que sabe ganarse con esfuerzo y constancia el respeto, la confianza e, incluso, el cariño de todos aquellos que lo siguen. Cualquiera puede ser un gerente mediocre. Y es ciero que, para ser un verdadero líder, la vía es escarpada y angosta. No obstante, creo que la meta no es sino la inmensa satisfacción de sentirse a la cabeza de un equipo cohesionado, empático y productivo. Tal vez la mejor forma de practicar sea, para empezar, ser uno el líder de sí mismo y de su propia vida.Y ya, después, tal vez se pueda plantear uno liderar a otros de forma adecuada y justa.

Zrsg90