Archivo de la categoría: escritura creativa

Distancia

Recuerdo de aquella época al chico que siempre llevaba consigo, en su cartera, algo de droga.

A mí me parecía una locura, pero él decía: «así no olvido que siempre estará ahí; que, si la busco, la encontraré. Pero yo soy más fuerte«.

Ahora lo entiendo.

Como quien abre la ventana y observa un paisaje, ahora miro los mil escenarios de perdición desde la distancia, tan relativa y efímera como un suspiro.

Los miro a la cara, frente a frente y sin tabúes, porque de cualquier modo siempre estarán ahí.

Lo que pasa es que ahora sé que yo también soy más fuerte.

Zrsg90

Adicto

Es complicado, si una mano se alza en busca del Cordero, mientras la otra le echa un pulso a la estrella del alba.

Cuando quieres elevarte, pero algo se aferra a tus entrañas y tira de ti hacia abajo… al bajo vientre; a los bajos fondos; al bajo Astral.

Cuando, vulnerable, formaba un círculo junto a otros como yo, para que alguien entonase con angustia una oración: «juntos podemos, juntos somos fuertes… que de verdad podamos serlo, por favor«.

No obstante, aun con las plantas de los pies abrasadas, uno no para de andar. De intentar mantener la mente en blanco, aunque la legión de caídos te susurre a ambos oídos que te dejes llevar.

A mí nadie me ha ganado nunca en tenacidad, aun siendo yo solo contra quién sabe cuántos. Nadie me gana en testarudez, ni siquiera su líder, el primero en caer.

Sé que ellos usan mi cuerpo, y cuanto llevo por dentro, para saciar su hambre y su sed. Pero yo no vine a este mundo a ser esclavo de nadie y jamás lo seré.

Así que ojalá Miguel guarde mi espalda día y noche en esta lucha, porque sé que, hasta que cierre los ojos por última vez, no habrá momento alguno en que me pueda distraer.

Zrsg90

El fantasma

Los fantasmas de viejos recuerdos vuelven a mi mente,

como si de unas brasas extintas brotase, de pronto, una humareda.

Donde una vez hubo fuego, no hay hoy sino silencios y cenizas;

la pasión, inmolada, dejó tras de sí un rastro gris.

El eco de unas voces, que quedaron atrapadas

en espacios por los que camino hoy otra vez,

reverbera, como un ave desenfrenada,

para revivir en mí un deseo que ya olvidé.

Pero, si alguna vez tuve un corazón, ahora sólo tengo vagos anhelos.

Y no puedo seguir ofreciendo algo que ya ardió y se esfumó.

Es entonces, en la muda ansiedad de mi penumbra interior,

cuando me doy cuenta de que los fantasmas nunca fueron ellos.

No. El fantasma… ¡siempre lo fui yo!

Zrsg90

Octubre, 2023