Archivo de la etiqueta: autodestrucción

Sobreviviste

Dejar las drogas es irte para siempre de la tierra de Nunca Jamás. Afrontar la adicción conlleva dar un paso adelante para, poco a poco, ir dejando atrás a Peter Pan. Reconocer ese vacío en tu corazón que, pese a todo, sigue estando ahí. Tú sobreviviste a tu propia debacle, pero él también te sobrevivió a ti.

Te toca hacer reflexiones adultas. Como, por ejemplo, que ya no puedes recurrir a nada ni a nadie para olvidar durante un rato lo que te duele; ya no puedes alimentar ficciones absurdas a cambio de nada. No te queda energía que malgastar, buscando desesperadamente en un pozo sin fondo.

La misma soledad de siempre te acompaña hoy, igual que ayer, y posiblemente también lo haga mañana. De hecho, va siendo hora de aceptar que hay espacios en blanco en tu interior que nunca se rellenarán. Pero, ya que sobreviviste a tu autodestrucción, si quieres, puedes aprender a vivir en paz contigo mismo.

Al menos puedes darte la oportunidad de intentarlo.

Zrsg90

Divagaciones de té verde

Hoy, al calmar mi ritmo, percibo la luz que se abre paso por entre los recovecos más lúgubres. Así como un goteo de sangre que desciende, incesante, hacia las fauces abiertas de un demonio. Ambas realidades coexisten, moldeando una mente, estirándola, como probando cuánto puede contorsionarse sin romperse.

Siento la frecuencia del infierno, sintonizando la voz de una tristeza infinita, un hambre que jamás se saciará. ¿Es el ego quién está detrás? Y, sin embargo, la luz logra sortearlo, atravesar toda densidad, como un designio irrenunciable.

Me pregunto si no es uno su propio vampiro, su propio escollo, su verdugo. Si Dios y Lucifer simplemente nos observan, distantes, mientras usamos nuestra libertad, sin querer asumir responsabilidad alguna. Si venimos con un plan, ¿nos distraemos? ¿Cuánto podemos desviarnos? ¿Lo cumplimos?

Bebo mi té verde, en esta gris mañana de sábado, y me pregunto hasta qué punto, consciente o inconscientemente, nos defraudamos; nos autodestruimos poco a poco, en un largo, pero certero suicidio, sin darnos cuenta de que no somos víctimas de nadie más que de nosotros mismos.

Zrsg90

Degradación

La degradación tiene forma de espiral descendente. Se empieza con un detonante cualquiera, algo inocente incluso, hasta que un buen día, asombrado, te preguntas: «¿Cómo he llegado a esto?«.

La autodestrucción tiene un cierto componente adictivo. El dolor al principio es sólo dolor, hasta que, con algo de tiempo e insistencia, se comienza a hallar placer en él.

Hay una erótica en la hazaña de traspasar velozmente fronteras que jamás imaginaste que cruzarías, pagando en cada peaje con una pequeña parte de ti.

Y siempre pides más: «Repítelo, hazlo de nuevo. Dame un poco más fuerte esta vez«. Pero no es a nadie, sino a tu propia imagen en el espejo, a quien se lo dices.

Se convierte en un reto. Como en aquella película de Cronenberg en la que los personajes, fuera de toda moral, se dicen mutuamente, casi a modo de promesa, que seguirán así hasta morir.

Y ahí está Ella: tras cada juego del «pilla-pilla». Es la sombra que se vislumbra tras cada nuevo límite pendiente de franquear; el último territorio por explorar.

Sí. La degradación tiene una irresistible forma de espiral descendente. Y finaliza allá donde haya cenizas esparcidas al viento o carne pudriéndose a pocos metros bajo el suelo.

Zrsg90