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Ancestros

A veces, en momentos de desesperación, creo que estoy solo. Sin embargo, en realidad, nunca lo estoy. Desde la sutileza de otros planos, algunos seres me observan y en silencio me transmiten palabras de amor. Entonces, una pequeña luz se enciende en la cerrada oscuridad e ilumina un mensaje: sí puedo. Si ellos, mis ancestros, pudieron, aun frente a viento y marea, yo también podré.

Y recuerdo que las lágrimas y el sudor que derramó mi abuela son el manantial gracias al cual hoy dispongo de agua; el hambre que mi padre pasó es hoy la comida que no falta en mi nevera. A veces me quejo amargamente por los desniveles del camino. Pero, ¡qué inconsciente…! Pues si hoy puedo recorrerlo es gracias a que, antes que yo, otros dejaron un trocito de su alma en este suelo.

Si alguna vez flaquea la motivación, basta con asumir una cierta responsabilidad: mostrar, por lo menos, algo de gratitud a los ancestros, honrando su memoria; vivir, tratando de ser alguien a la altura de su lucha, de su sufrimiento y de su esfuerzo.

A todos ellos: infinitas gracias, siempre.

Zrsg90

Límites

Es posible que lo que voy a expresar a continuación sea algo evidente para algunos, pero para mí no lo ha sido hasta ahora.

Para que una relación, del tipo que sea, sea sana es necesario establecer límites. ¿Cómo hacerlo? Pues bien, he comprendido al fin que, a modo de requisito, uno debe empezar por trabajar en su autoconocimiento y en el respeto a sí mismo; en definitiva, en su autoestima.

Si yo me observo a mí mismo, me doy un paseo por mi fuero interno, pongo mis conceptos en contexto y mis emociones en valor, estaré dando entonces un paso importante. Por el contrario, si no soy capaz de respetarme ni de apreciarme, habrá quién considere que tampoco debe hacerlo.

Desde la coherencia con uno mismo, los límites surgen de forma natural: si por algún motivo alguien no puede aceptarme como soy y, en consecuencia, no logramos convivir en un marco de respeto recíproco, es preferible que cada quien siga su camino.

Creo que no hay en realidad obligaciones para con nadie. No obstante, si decidimos estar juntos, qué menos que sentirnos respetados, aceptados y apreciados tal y como somos, mutuamente. De no ser así, tal vez, sencillamente, sea mejor no estar.

Zrsg90

Noviembre, 2023

El ‘clima’ en la resolución de conflictos interpersonales

Es verdad eso que se suele decir de que «las cosas hay que hablarlas«. De hecho, hay que hacerlo a su debido tiempo, sin procrastinar demasiado. No obstante, cuando se ha tenido un problema de índole personal con alguien, no basta con sentarse con esa persona a conversar sobre lo ocurrido; tal charla puede acabar ‘bien’, pero también corre el riesgo de convertirse en un cruce de ‘dagas voladoras’ que empeore aún más la situación. Para que un malentendido o desencuentro entre dos individuos pueda quedar zanjado, previamente se tiene que dar un ‘clima’ especial, lo cual contempla algunos requisitos:

  • Hay que estar preparado para no dejarse llevar por los exabruptos emocionales. Por ejemplo, para evitar que la ira, el despecho o el resentimiento le hagan a uno decir algo de lo que, muy probablemente, luego se arrepentirá. Es imposible, una vez pronunciadas y lanzadas al aire, rebobinar y tragarse las palabras.
  • Hay que estar preparado para aceptar que, si uno está dolido, molesto o decepcionado, tal vez la otra persona también lo esté. A veces, sin darse cuenta o sin quererlo, uno es el primero en propiciar situaciones indeseadas e incómodas. Y, a veces, aunque sea involuntario, uno también hiere a los demás.
  • Hay que estar preparado para valorar los sentimientos y puntos de vista del otro, incluso aunque no se compartan. Se trata de intentar comprender al otro o, si esto no resulta posible, por lo menos respetarlo.
  • Hay que tener claro cuál es el verdadero objetivo de la conversación: ¿Quiero realmente a esa otra persona en mi vida? En caso afirmativo, ¿estoy dispuesto a aceptar que es como es y no como yo querría que fuese? Conociendo sus defectos y virtudes, ¿me compensa mantener un vínculo? Y, de ser así, ¿nos doy entonces a mí y a la otra persona otra oportunidad para seguir compartiendo una relación, sea ésta del tipo que sea?

Las personas vivimos en función del ensayo y del error; como ya dije en otro artículo, uno nunca deja de equivocarse. Por ello, lo verdaderamente importante es ser capaz de aprender algo de las experiencias ya vividas, para, por lo menos, no tropezar con las mismas piedras. Sin ánimo de frivolizar, siento que para resolver un conflicto interpersonal, se debe empezar por asumir que uno no está obligado a relacionarse con nadie en particular, al menos no en el ámbito de la vida privada; uno comparte su tiempo con quien a su vez quiere compartirlo con uno. No es obligatorio dar oportunidades a nadie ni que nadie te las dé a ti, puesto que, al final, si hay algo que ha de ser espontáneo es el amor, en cualquiera de sus manifestaciones. La voluntad no depende sino de uno.

Zrsg90