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Un día más

A mar picada, temple. Semblante sereno ante los brazos abiertos de la muerte. Firme el timón en las manos, aunque todo se desmorone. Aunque la tierra se abra y aúlle, vista al frente. Latidos del corazón acompasados.

No sabemos adónde vamos, pero andamos con paso firme. Con la seguridad de una fe que te sostiene, cuando crees desfallecer. Seguimos adelante, porque hacia atrás no hay camino.

Así seguimos hoy, un día más.

Zrsg90

Confieso

Confieso que, mientras observaba tu sonrisa de niño pícaro, estuve a punto de decirte que te quería. Pero, poco antes, con mucha razón, habías comentado que la pasión es cegadora. Y, además, de pronto me di cuenta de que no todo el mundo tiene el privilegio de viajar al espacio exterior sin siquiera salir de su habitación. No todos llegan a sentirse como Bette Davis en aquel final de La Extraña Pasajera; un cigarrillo, dos miradas, la intimidad infinita y el silencio cómplice. Contigo en mis brazos, el reloj se detiene y deja de haber transiciones entre la luna y el sol. No hay principio ni fin, sólo tú y yo. Y cuando, al fin, te derramas en mí, me siento como un lienzo en blanco recibiendo el primer trazo de color de la mano de un artista.

Pero, amor, nada de eso es mi realidad. Mi cotidianidad no reluce con el brillo de tu estrella. Te irás y, habiendo comido ya, no habrá en la suciedad de mis cacharros rastro alguno de tu aroma a rosas. Ahora tus ojos me ven a través de un halo especial, pero no tardarías mucho en distinguir lo que en verdad hay detrás: otro ser humano cualquiera, sin más. Y, acaso, ¿me querrías así, porque sí? ¿Volverías a brindarme tu tiempo y tu compañía, ya superado el frenesí? ¿Aun sudado, ojeroso y fatigado, aun en el vulgar tedio del día a día, seguirías hallando belleza en mí?

Antes que procurarle respuestas innecesarias a mi corazón, opté entonces por quererte sin palabras, en aquel momento, con cada caricia y gesto. En cada beso. Y confieso que luego, cuando te marchaste, sentí una cierta tristeza al volver a aterrizar. Pero, ¿sabes? Al menos podré recordar que por unas horas alguien como tú se fijó en mí. Que, aunque fuera efímero, una vez tuve algo especial junto a ti. Que hubo un instante durante esa tarde, con tu sonrisa de niño pícaro en mis manos, en que te sentí mío.

Zrsg90

R.M.

Hay noches que se me hacen largas y pesadas, sobre todo aquellas en las que recibo la visita de demonios. Algunos de ellos, de hecho, llevan tu rostro.

Uno se llama culpa; otro, la duda de qué pudo haber sido. Qué pudo haber sido, si yo no hubiese demolido el puente que me llevaba a ti; si no te hubiese obligado a protegerte de mí, cerrando a cal y canto tu puerta. Confieso que, aun sabiendo que ya nunca se abrirá para mí, a veces paseo por el umbral, intentando escuchar, al menos, tus pasos tras ella.

Tú fuiste un yoyó en mis manos, lo sé, pero la cuerda se rompió. Y qué bien por ti, que pudiste al final alejarte de quien con tu corazón fue despiadado.

En esas noches tediosas de las que te hablo, le digo a los demonios que se parecen a ti que ojalá seas feliz. Que ojalá en tu camino te espere alguien que sí sepa valorarte y apreciarte. Y que ojalá, si no es posible que de mí sólo te quedes con lo bueno, tu mente me diluya poco a poco de tus recuerdos.

En la oscuridad y el silencio, frente a todas las cosas que llevo dentro, deseo poder aceptar mis errores alguna vez, perdonarme, avanzar y poder ser feliz. Incluso aunque ello implique serlo sin ti.

Zrsg90

Noviembre, 2023