Archivo de la etiqueta: paz

Experiencias cercanas a la adultez

He aprendido de la pérdida y de ella cada día me alimento. Observo desde lejos lo que tuve y dejé atrás, lo que fue y nunca más será. El tiempo pasa y esta vida cada vez me pide más, pero cómo centrarme en lo que tengo delante, si no consigo dejar de mirar atrás.

Al despertar, disfruto de un momento de calma, hasta que las heridas aún abiertas vuelven a supurar. Abro los ojos de par en par a ese dolor: a todo lo que no dije y se pudrió en mi interior, generando agujeros negros; a todo cuanto no hice y tanto me pesa; a la realidad que me rodea y de la que busco huir, aunque sólo sea por un rato, porque me aterra.

Entonces, me abrazo a todo eso que me cuesta aceptar y perdonarme: es mi bagaje, la persona que fui y que soy. Aun triste y con miedo, sigo adelante. Y, aunque no sea evidente, le busco un sentido al hoy. Pese a todo, tal vez yo también tenga derecho a sonreír. A sentir paz por dentro. A ser feliz.

Zrsg90

Patrimonio

Me he sentado a una mesa bajo el atardecer, con mis mejores galas, en un jardín hermoso y casi secreto, donde alguien me servía una copa de vino y algo de comer. He cruzado fronteras, para disfrutar de la exótica belleza de lo ajeno, apreciar la musicalidad de lenguas distintas a la mía y, desde la comodidad del turista, contemplar el trajín de los demás en su día a día. Hay quien tiene a su nombre sendas propiedades. Castillos en la campiña, como si los hubiera descrito la pluma de Jane Austen; vehículos que los ingenieros de antaño no llegaron ni a soñar; la entrada VIP a todas las fiestas, casi como bailes en la corte de los Romanov. Pero admito que la fragancia a lavanda sobre mi piel a veces me resulta innecesaria. Y hubiese salido corriendo de aquel jardín del Edén, dejando la copa de vino intacta. Me despojaría de la ropa, tan distinguida, y dejaría las gemas que me adornan de vuelta en el suelo al que pertenecen de verdad. Pues, ¿de qué me podría servir todo aquello, si no tuviera lo más valioso?

Mi patrimonio es el abrazo de quien me dio la vida; el momento de conexión espontánea con un amigo; los recuerdos de quiénes ya no están y espero reencontrar algún día. La paz interior que siento de noche, cuando apoyo la cabeza sobre la almohada. Si eso me faltara, aun en primera fila ante el paisaje más sublime del mundo, lo único que acaso contemplaría sería mi flagrante pobreza. No sería yo más que un adinerado, ostentoso y perfumado cadáver andante; no más que una mera apariencia sin esencia.

Zrsg90

Inquietudes de café

«¿Qué es, de verdad, la tranquilidad?«. Esto me lo pregunto mientras tomo un café un sábado por la mañana y siento que la Tierra rota; que los astros se desplazan; que los destinos no se hacen de rogar. El movimiento incesante de todas las cosas.

¿Qué es, en realidad, el silencio, si todo resuena y vibra en mi espíritu? Siento la inquietud de que, por mucho que todo se ralentizase, de cualquier modo, más tarde o más temprano acabaría dándole la vuelta a la esquina, para toparme con lo que sé que ahí me aguarda.

Esta mañana de sábado, como otra cualquiera, le doy un sorbo al café y noto el pequeño y constante regusto de la angustia.

Zrsg90