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Mi nombre es Eleazar, alias Zrsg90, y desde niño me ha gustado escribir. Os doy la bienvenida a tod@s a mi blog.

Degradación

La degradación tiene forma de espiral descendente. Se empieza con un detonante cualquiera, algo inocente incluso, hasta que un buen día, asombrado, te preguntas: «¿Cómo he llegado a esto?«.

La autodestrucción tiene un cierto componente adictivo. El dolor al principio es sólo dolor, hasta que, con algo de tiempo e insistencia, se comienza a hallar placer en él.

Hay una erótica en la hazaña de traspasar velozmente fronteras que jamás imaginaste que cruzarías, pagando en cada peaje con una pequeña parte de ti.

Y siempre pides más: «Repítelo, hazlo de nuevo. Dame un poco más fuerte esta vez«. Pero no es a nadie, sino a tu propia imagen en el espejo, a quien se lo dices.

Se convierte en un reto. Como en aquella película de Cronenberg en la que los personajes, fuera de toda moral, se dicen mutuamente, casi a modo de promesa, que seguirán así hasta morir.

Y ahí está Ella: tras cada juego del «pilla-pilla». Es la sombra que se vislumbra tras cada nuevo límite pendiente de franquear; el último territorio por explorar.

Sí. La degradación tiene una irresistible forma de espiral descendente. Y finaliza allá donde haya cenizas esparcidas al viento o carne pudriéndose a pocos metros bajo el suelo.

Zrsg90

Adicto

Es complicado, si una mano se alza en busca del Cordero, mientras la otra le echa un pulso a la estrella del alba.

Cuando quieres elevarte, pero algo se aferra a tus entrañas y tira de ti hacia abajo… al bajo vientre; a los bajos fondos; al bajo Astral.

Cuando, vulnerable, formaba un círculo junto a otros como yo, para que alguien entonase con angustia una oración: «juntos podemos, juntos somos fuertes… que de verdad podamos serlo, por favor«.

No obstante, aun con las plantas de los pies abrasadas, uno no para de andar. De intentar mantener la mente en blanco, aunque la legión de caídos te susurre a ambos oídos que te dejes llevar.

A mí nadie me ha ganado nunca en tenacidad, aun siendo yo solo contra quién sabe cuántos. Nadie me gana en testarudez, ni siquiera su líder, el primero en caer.

Sé que ellos usan mi cuerpo, y cuanto llevo por dentro, para saciar su hambre y su sed. Pero yo no vine a este mundo a ser esclavo de nadie y jamás lo seré.

Así que ojalá Miguel guarde mi espalda día y noche en esta lucha, porque sé que, hasta que cierre los ojos por última vez, no habrá momento alguno en que me pueda distraer.

Zrsg90

Oz

¿En qué momento empecé a comportarme como un objeto? ¿Y cuándo, exactamente, a tratarte a ti como tal? Cada uno de nosotros con una finalidad y ambos, de usar y tirar. Sin mayor porvenir que una activación puntual… y ya. ¿Cuándo perdí mi humanidad? Tal vez fue cuando tu piel se volvió de plástico ante mis ojos; cuando pasamos a ser un mero espejismo; asumiendo roles ficticios; jugando a imitar la realidad. ¿Cuándo extraviamos tú y yo los cerebros, las vísceras, los espíritus… hasta quedarnos así de vacíos?

Ahora, pues, como si estuviese en Oz, para reencontrar lo que una vez me hizo humano y dejé caer, tendré que ir rebuscando entre baldosas amarillas.

Zrsg90