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¿Qué necesito yo?

Sostiene el mito que en estas fechas, muchos siglos atrás, vino al mundo un Rey. Tal vez, en el plano espiritual, todos los ángeles y demás seres etéreos hiciesen acto de presencia ante un acontecimiento de tal magnitud, pero en términos materiales, la joven madre no dio a luz sino en compañía del hombre que asumiría la paternidad y de unos pocos animales. En el marco de esa inmensa minoría, el niño fue recibido por la clandestinidad de la noche, por la pobreza de la paja y del polvo y por una callada aunque fortísima esperanza. Dos milenios después, el mensaje de amor, dignidad, paz y unión que aquel niño compartiría durante su breve existencia nos sigue emocionando a algunos. De hecho, hoy, frente a tanta opulencia, frente a la inmensa y descarada desigualdad que observo ahí fuera y que por momentos abofetea, pienso en él. Y me pregunto: ¿Qué necesito yo?

¿Qué necesito yo, cuando ese Rey nació en la nada, pero aun hoy nos sigue llenando con tanto? ¿Si su madre, no teniendo nada, tuvo todo el amor del universo para darle? ¿Si la Divinidad, decidida a llegar hasta nosotros, sus hijos, desde una encarnación humana, no eligió sino la cuna más humilde de todas?

Me lo cuestiono y comprendo que no requiero sino mis necesidades básicas cubiertas, mi salud, mi ilusión por vivir y, sobre todo, el amor de mi gente, que es el mayor tesoro que jamás existirá y que nunca podría ser igualado por nada que el Hombre pudiera crear en este plano material.

Feliz Navidad y mis mejores deseos para el 2024 a tod@s.

Zrsg90

Mantra

Hay ciertas personas por quienes, a veces, determinados pensamientos surgen y circulan por la mente de uno de forma repetitiva, como si de un mantra se tratase: «Por favor, que todo lo malo que pueda pasarle a esta persona me pase a mí. Yo lo afrontaré y lo superaré en su lugar«.

Uno lo siente y lo piensa sinceramente, pues desearía ahorrarle a ese ser cualquier sufrimiento. No te importa sufrir a ti, siempre y cuando veas al otro desplegar su sonrisa, que para ti es como contemplar el sol elevarse en el cielo tras una larga y fría noche.

No obstante, si ese conjuro surtiese efecto, qué egoísta sería por parte de uno olvidar que, si uno sufre, tal vez el otro también lo haga al verte a ti. Y que, posiblemente, sabiendo que tú has ‘absorbido’ lo que realmente le correspondía a él o a ella, le invadiría igualmente un gran pesar.

Sí. A veces querríamos con todas nuestras fuerzas evitarle todo mal a ciertas personas a quienes amamos y que son un tesoro para nosotros. Pero, sencillamente, no podemos. Amar es acompañar y es eso lo que, en todo caso, podemos hacer en lo posible.

Y que ese mantra que brota desde el fondo de nuestro corazón sea de un amor puro y limpio, y también de una fe certera en cuanto a que todo lo que ocurre tiene un sentido. Incluso aunque uno muchas veces no lo sepa ver ni lo pueda comprender.

Zrsg90

Y yo, ¿para quién escribo?

Para la tierra pisada una y otra vez por los turistas, cuando ya todo el mundo se ha ido y el recinto ha echado el cierre.

Para esas lápidas del camposanto sobre las que nadie deposita flores en el día de los muertos.

Para aquellos que se sientan solos en el purgatorio, mientras afrontan las deudas pendientes de su karma.

Para los fantasmas de la red, las hadas del bosque y los djinns del desierto.

Para esas canciones que un día bailamos y ya no recordamos.

Para los ángeles, ¿acaso me escuchan?

Para aquellos que quise y ya no están, ¿notan en el más allá la vibración de estas palabras?

Para los que quiero y aún están, ¿les llega, aunque no me lean, la oleada de mis sentimientos?

Para esa intimidad del interior de mi mente, a la que nadie tiene acceso salvo, si acaso, Dios.

Para ti, si tú quieres.

Para mí, siempre.

Zrsg90