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P.

Conocí a P. de excursión por el lado oscuro de la luna.

En un rincón de la selva donde la vegetación tupida impedía al suelo conocer la luz del sol.

Dentro de un pequeño trastero en el que objetos olvidados cobraban vida, camuflados bajo el polvo y las telarañas.

Como cuando, de repente, se atisba una estrella fugaz cruzar el firmamento y se intuye que muy pocas veces se volverá a ver algo así… es así como atesoro los momentos junto a ti.

Justo allí, en el hábitat de mi fuego interior; donde la memoria de la piel se esconde, liberada al fin de toda inhibición.

Que los envites de esta vida no desgasten la sonrisa que una vez fue para mí; que el helador impacto de los golpes del destino no apague el calor que tus manos, entonces, me hicieron sentir.

Te recuerdo y, como siempre, agradezco lo compartido. Y hoy te deseo, de forma especial, que no te falten los momentos de felicidad, según sigas avanzando en tu camino.

Zrsg90

Leal

Una vez leí en la Biblia el pasaje de la puerta estrecha y me gustó. Considero que guardan mucha verdad esas palabras. Mas yo diría que no es sólo una puerta, sino un camino. El sendero estrecho de la honestidad para con uno mismo que, a su vez, lleva forzosamente a ser coherente con el entorno. Se puede mentir a los demás, pero no a uno mismo, a menos que de tanto intentar creerse los propios embustes, se acabe por perder la cordura, al no poder ya diferenciar entre realidad y ficción.

La vía de la integridad y del equilibrio con aquello que uno lleva dentro es solitaria. Por eso conviene conseguir que la propia compañía sea buena. Sé que tal vez vea el ocaso solo, pero al menos lo haré sintiendo que me he sido leal. Cuando el mundo se acabe para mí, sé que preferiré bailar solo, pero libre, que caer bajo el peso insoportable de una máscara, para entonces ya indistinguible de mi propia piel, rodeado por una multitud indolente.

Y también sé que aquellos que me aman estarán esperando y tenderán su mano hacia mí.

La estrechez y la soledad por fin habrán terminado.

Zrsg90

Necedad

Si alguna vez he querido perpetrar un crimen, ha sido el de robarle más tiempo al tiempo: más horas al día, más días al fin de semana, más semanas a las vacaciones, más vacaciones a la rutina de la vida.

De acometer un delito, violaría las leyes de esta realidad, para eternizar algunas de las cosas que he sentido: el amor de mi madre, la ternura de mi abuela, la compañía de mis tías, la lealtad de mis amigos.

Si pecase contra Dios, destrozaría el fruto de su creación; detendría, al fin, las desesperantes agujas del reloj. Y, así, disfrutaría de lo bueno, de los míos, para siempre.

Pero Dios se carcajea ante mis pueriles blasfemias. Y no hay castigo ni grilletes para aquello que jamás ocurrirá.

Tras su pataleta, quizás halle algo de consuelo en la esperanza este necio mortal.

Y, tal vez, también, la empatía de todos los que se hayan planteado los mismos desatinos.

Zrsg90