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Ego

¿Cuántas veces, al abrir la boca, no fui yo quién habló? ¿Y cuántas otras no la abrí, mas no quería guardar silencio? Quizás tantas como permití que las emociones me secuestrasen la mente y el cuerpo. ¿Qué desastres avaló el miedo, mientras la cobardía me apretaba el cuello y me oprimía el pecho? ¿A cuántas personas vi llorar de dolor, después de que la ira disparase, usando mi mano, un tiro certero? Desolador, como explicarse la realidad desde el victimismo. Por no mencionar los momentos en que las pasiones más básicas tomaron el control…

Hoy lo reconozco todo y soy capaz de ponerme en valor, sanamente, sin creerme por encima o por debajo del resto.

Hoy me siento en un lugar de paz y no cedo a nada ni a nadie la potestad de alterarla.

Hoy asumo un poder que siempre estuvo en mí y me elevo sobre una piedra con la que hasta ahora había tropezado tantas veces: el ego.

Gracias.

Zrsg90

Experiencias cercanas a la adultez

He aprendido de la pérdida y de ella cada día me alimento. Observo desde lejos lo que tuve y dejé atrás, lo que fue y nunca más será. El tiempo pasa y esta vida cada vez me pide más, pero cómo centrarme en lo que tengo delante, si no consigo dejar de mirar atrás.

Al despertar, disfruto de un momento de calma, hasta que las heridas aún abiertas vuelven a supurar. Abro los ojos de par en par a ese dolor: a todo lo que no dije y se pudrió en mi interior, generando agujeros negros; a todo cuanto no hice y tanto me pesa; a la realidad que me rodea y de la que busco huir, aunque sólo sea por un rato, porque me aterra.

Entonces, me abrazo a todo eso que me cuesta aceptar y perdonarme: es mi bagaje, la persona que fui y que soy. Aun triste y con miedo, sigo adelante. Y, aunque no sea evidente, le busco un sentido al hoy. Pese a todo, tal vez yo también tenga derecho a sonreír. A sentir paz por dentro. A ser feliz.

Zrsg90

Desprecio

El karma existe: se escondía tras las últimas palabras que me dedicaste. Pagué la factura, pues no tuve otra opción, pero siempre estaré hipotecado con el recuerdo de esa tristeza. Del fracaso.

No es en sí por las cosas que me dijiste, sino por lo que tengo que haberte hecho sentir, como para que te hayas expresado así. Es un pecado, como una cicatriz en mi corazón.

Y ahora sé cómo es que a alguien le importes tanto como un objeto; tanto como la nada. Incluso, menos. Lo que es que alguien te vea como un medio para un fin… y fin.

¿De verdad que fue así como te traté yo a ti? ¿Tan grande fue el daño que te infligí? ¿Tan inconscientemente cruel fui?

Ante una última oportunidad, tu negativa. Tu desprecio. Es normal: no hay esperanza para aquellos que son desterrados al infierno.

Tal vez sea tu venganza. O, quizás, una última e involuntaria lección para mí: aprender a vivir con algo que jamás podré expiar. Porque ya sabes que, para mí, así será.

Cuánto lo siento, mas no por mí. Si tanto lo lamento es por haber llegado a sacar todo esto de ti.

Zrsg90