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Y yo, ¿para quién escribo?

Para la tierra pisada una y otra vez por los turistas, cuando ya todo el mundo se ha ido y el recinto ha echado el cierre.

Para esas lápidas del camposanto sobre las que nadie deposita flores en el día de los muertos.

Para aquellos que se sientan solos en el purgatorio, mientras afrontan las deudas pendientes de su karma.

Para los fantasmas de la red, las hadas del bosque y los djinns del desierto.

Para esas canciones que un día bailamos y ya no recordamos.

Para los ángeles, ¿acaso me escuchan?

Para aquellos que quise y ya no están, ¿notan en el más allá la vibración de estas palabras?

Para los que quiero y aún están, ¿les llega, aunque no me lean, la oleada de mis sentimientos?

Para esa intimidad del interior de mi mente, a la que nadie tiene acceso salvo, si acaso, Dios.

Para ti, si tú quieres.

Para mí, siempre.

Zrsg90

Despedidas

Cuando una relación muere, igual que cuando un ser fallece, lo mejor es sepultar o incinerar el cadáver cuanto antes. Deshacerse de él de forma adecuada, en definitiva. De lo contrario, si uno se aferra a esa entidad inerte mucho tiempo, su creciente putrefacción infectará todo. Hay que aprender a decir adiós y a desprenderse. Y, pasado el periodo normal de duelo, honrar el vínculo que existió, quedándose con lo bueno.

Por dignidad personal y por respeto a lo que una vez fue y ya no es, no debe uno ensuciarlo con resentimientos ni malos pensamientos. Se reconoce el daño ocasionado y se pide perdón; se contempla también el daño que a uno le infligieron y se perdona. Se da las gracias por lo vivido y se deja ir. Al final, se trata de que el espíritu del difunto vínculo se eleve en el aire, no de que se convierta en una piedra en el corazón.

Zrsg90

Abril, 2023

Sobre las (mal entendidas) educación y formalidad

  • «No hace falta que seas tan formal…«
  • «Al principio te veía tan educado y tan formal que me parecías distante… luego ya me di cuenta de que no era así
  • «Eres una persona muy educada y muy formal… yo, desde luego, no soy así

Estas son algunas de las frases que me han dedicado desde que entré en el mundo laboral.

Educación. Formalidad. ¿Qué significan realmente estas palabras? Para mí, más allá de protocolos, cordialidades y buenas maneras, conllevan el tratar a los demás con el debido respeto que merecen, es decir, tan bien como me gustaría que me tratasen a mí.

Lamentablemente, en el contexto de una sociedad donde lo que tantas veces se premia, se aplaude y se promueve es una conducta que roza la tosquedad y la zafiedad, lo que para mí son cualidades no siempre es percibido como tal.

La formalidad suele asociarse con la rigidez; el aburrimiento; lo ‘rancio’. Por su parte, los buenos modales tienen normalmente dos lecturas posibles: o eres un hipócrita que persigue un interés ulterior o eres bueno, amable y, por tanto, débil.

La (pésima) interpretación sociocultural de estos conceptos le hace a uno plantearse que las verdes y ‘salvajes’ junglas de la naturaleza tienen mucha más ética y más estética que aquellas de asfalto que hemos construido las personas.

Sea en un contexto laboral o no, considero imprescindible otorgar a los demás, ante todo, una dignidad y una deferencia. Al menos, una pizca. Si mi trato no es correspondido, al final el problema es del otro, no mío.

No encuentro que sea algo difícil de hacer. Además, una actitud así refuerza en uno la condición de ser humano; algo no poco importante en un momento en que, por cierto, el sentimiento de humanidad pareciera escurrirse por el sumidero.

Zrsg90